17 de julio de 2008
15 de julio de 2008
27 de junio de 2008
Diáloco 6
- Mandale saludos al cubilete.
- Serán dados.
- Serán dados.
17 de junio de 2008
Todo sobre mi madre
- Hola vieja, cómo andás?
- Acá, ordenando papeles, vos?
- En el laburo todavía. Hoy me clavaron mal...
- Pero Fede, son las 22:30, tenés que descansar en algún momento.
- Si, voy a apurar acá porque no doy más. Aparte me duele un poco la cabeza y estoy de mal humor.
- Pero hijo, tomate algo. Una Cafia tomate. O ibuprofeno. Tenés ibuprofeno? La tira que te dí la semana pasada? Actrón sino, es lo mismo. Pero fijate los miligramos. Que sea de 600, y sino de 800. Si es de menos tomate dos. O dos Cafiaspirinas. Si son Forte mejor. Puede ser de la vista también. Ponete colirio y tomá algo. Tomalo con café para despavilarte, y tomate una buscapina para que no te caiga pesado. O una Baya sino. O dos Bayas. Cerró el kiosco de ahi al lado? Por ahi te conviene ir a la farmacia. Preguntale al tipo. Decile que te duele la cabeza y tenés nauseas. Temblá cuando le hables, y tratá de ponerte pálido. Exagerale así te presta más atención. Sino no te dan ni bola. Tenés la voz un poco tomada, vos te estás por engripar. Tomate un tecito de esos Vick, y un Refrianex, y comprate Supradyn que es vitamina C, y llevate por las dudas Bronquisedan o No-Tos. Por ahi te empieza a aflojar el moco y te da catarro. Mirá que te puede dar una lineas de fiebre, comprate Novalgina. Vos no estarás fumando cosas raras, no? Querés que te lleve a la guardia?
- Acá, ordenando papeles, vos?
- En el laburo todavía. Hoy me clavaron mal...
- Pero Fede, son las 22:30, tenés que descansar en algún momento.
- Si, voy a apurar acá porque no doy más. Aparte me duele un poco la cabeza y estoy de mal humor.
- Pero hijo, tomate algo. Una Cafia tomate. O ibuprofeno. Tenés ibuprofeno? La tira que te dí la semana pasada? Actrón sino, es lo mismo. Pero fijate los miligramos. Que sea de 600, y sino de 800. Si es de menos tomate dos. O dos Cafiaspirinas. Si son Forte mejor. Puede ser de la vista también. Ponete colirio y tomá algo. Tomalo con café para despavilarte, y tomate una buscapina para que no te caiga pesado. O una Baya sino. O dos Bayas. Cerró el kiosco de ahi al lado? Por ahi te conviene ir a la farmacia. Preguntale al tipo. Decile que te duele la cabeza y tenés nauseas. Temblá cuando le hables, y tratá de ponerte pálido. Exagerale así te presta más atención. Sino no te dan ni bola. Tenés la voz un poco tomada, vos te estás por engripar. Tomate un tecito de esos Vick, y un Refrianex, y comprate Supradyn que es vitamina C, y llevate por las dudas Bronquisedan o No-Tos. Por ahi te empieza a aflojar el moco y te da catarro. Mirá que te puede dar una lineas de fiebre, comprate Novalgina. Vos no estarás fumando cosas raras, no? Querés que te lleve a la guardia?
5 de junio de 2008
Clickear o no Clickear (esa es la intención)
Uno de los planteos que más gusto me da, es imaginar la labor de determinadas personas; ocultas, con un desarrollo de tareas mucho más específicas y minuciosas de las que yo pueda encontrarme todos los días en la pileta de la pantomima semanal. Me refiero a esas actividades raras, que pasan por delante nuestro de manera casi inadvertida. El tipo que escribe las patentes de los autos, o confirma que las secuencias son correctas. El que elige el mejor diseño para un repasador: “hagamos uno con flores, y otro con elementos de cocina antiguos”
Quién acata estas órdenes? Quién las ejecuta?
Bueno, resulta que últimamente me sentí especialmente atraído por una curiosidad que vino a mi, para dejarme cagado de risa de imaginar al meleke que sentado atrás de una pantalla, dedica sus horas a configurar mensajes para meter virus en las computadoras ajenas a través de MSN.
Por suerte no tengo la costumbre de aceptar archivos sin una explicación que me de certeza de lo que estoy recibiendo. Y es justamente eso lo que me parece genial de estos hombrecillos del submundo cibernético. El empeño en escribir frases que a uno le den motivos para aceptar la transferencia. Un intento con fines destructivos, si, pero un intento al fin. Y cuando ese intento trasciende las fronteras de los países y el lenguaje, y se enchotece el límite entre lo que alguien te puede llegar a decir y lo que no, lo que tenemos como resultado es una maldad simpatiquísima con la que vale la pena encontrarse.
Lamentablemente, todos los ejemplos que pongo a continuación vienen de amigos o conocidos que cayeron en las garras de estas joyas de la comunicación. Desde ya, lamento mucho su envirusamiento.
ay! que emoción! a ver a ver! (click)
Claro, se me dió por sacarme fotos en bolas y te las quería mandar. (click)
nooo! mi pelo no!! no se la pases a nadie!! (click)
acepto, pero dejá de hablarme en inglés.... (click)
........eh? (click)
noooo! mi pelo de nuevo noooo!!!
what? (click)
me gusta lo del error ortográfico adrede. (click)
ah si, cierto, soy amigo de Los Simuladores (click)
definitivamente mi preferido. (click)
fotos de Doña Elvira? qué horror!! (click)
Ahora unas propuestas mías para conseguir el click de la estupidez criolla:




Quién acata estas órdenes? Quién las ejecuta?
Bueno, resulta que últimamente me sentí especialmente atraído por una curiosidad que vino a mi, para dejarme cagado de risa de imaginar al meleke que sentado atrás de una pantalla, dedica sus horas a configurar mensajes para meter virus en las computadoras ajenas a través de MSN.
Por suerte no tengo la costumbre de aceptar archivos sin una explicación que me de certeza de lo que estoy recibiendo. Y es justamente eso lo que me parece genial de estos hombrecillos del submundo cibernético. El empeño en escribir frases que a uno le den motivos para aceptar la transferencia. Un intento con fines destructivos, si, pero un intento al fin. Y cuando ese intento trasciende las fronteras de los países y el lenguaje, y se enchotece el límite entre lo que alguien te puede llegar a decir y lo que no, lo que tenemos como resultado es una maldad simpatiquísima con la que vale la pena encontrarse.
Lamentablemente, todos los ejemplos que pongo a continuación vienen de amigos o conocidos que cayeron en las garras de estas joyas de la comunicación. Desde ya, lamento mucho su envirusamiento.
ay! que emoción! a ver a ver! (click)
Claro, se me dió por sacarme fotos en bolas y te las quería mandar. (click)
nooo! mi pelo no!! no se la pases a nadie!! (click)
acepto, pero dejá de hablarme en inglés.... (click)
........eh? (click)
noooo! mi pelo de nuevo noooo!!!
what? (click)
me gusta lo del error ortográfico adrede. (click)
ah si, cierto, soy amigo de Los Simuladores (click)
definitivamente mi preferido. (click)
fotos de Doña Elvira? qué horror!! (click)Ahora unas propuestas mías para conseguir el click de la estupidez criolla:




29 de mayo de 2008
Deja deja deja vu
Sin querer tiré el atado de cigarrillos al piso. Cayó al lado de la cortina anaranjada mientras en la televisión empezaban a decir el pronóstico del tiempo. Todo encajaba a la perfección en un recuerdo vago. Estaba seguro de que ya había vivido eso.
Entonces levanté el atado despacio, entre expectante y confundido. Miré la televisión y de alguna manera ya sabía que mañana tendría 6 de mínima, 15 de máxima, y precipitaciones aisladas en el conurbano bonaerense. Eso incrementó mi confusión.
Me levanté de repente para salir de esa sensación atemporal. Corrí la cortina y vi que el auto rojo se detenía en la esquina sin semáforo para dejar pasar al auto blanco. Para mi asombro los dos autos ya existían en algún rincón de mi cabeza. Eso también ya lo había vivido.
Me asusté hasta la desesperación. Y el susto y los movimientos temblorosos me eran tan familiares que me horroricé. Entonces busqué una esperanza de la que aferrarme. Una puerta de salida para el desconcierto que sitiaba mi sistema nervioso central. Y recurrí a lo atípico: hacer algo sin sentido que nunca hubiese hecho. Un acto que certeramente no encontrara antecedentes en mi conciencia. Y me desnudé por completo. Y puse la videocassetera sobre mi cabeza. Y con la mano que me quedaba descolgué el teléfono y lo enrosqué a mi brazo. Puse una pierna sobre la cama, y con la otra comencé a saltar. En ese momento de vulnerabilidad entró mi hermano por la puerta, y mirándome con asombro me dijo: ¿otra vez?
Dejé de saltar y me desmayé. Cuando me repuse no recordaba nada de nada. Lo único que quería era fumar un cigarrillo.
Entonces levanté el atado despacio, entre expectante y confundido. Miré la televisión y de alguna manera ya sabía que mañana tendría 6 de mínima, 15 de máxima, y precipitaciones aisladas en el conurbano bonaerense. Eso incrementó mi confusión.
Me levanté de repente para salir de esa sensación atemporal. Corrí la cortina y vi que el auto rojo se detenía en la esquina sin semáforo para dejar pasar al auto blanco. Para mi asombro los dos autos ya existían en algún rincón de mi cabeza. Eso también ya lo había vivido.
Me asusté hasta la desesperación. Y el susto y los movimientos temblorosos me eran tan familiares que me horroricé. Entonces busqué una esperanza de la que aferrarme. Una puerta de salida para el desconcierto que sitiaba mi sistema nervioso central. Y recurrí a lo atípico: hacer algo sin sentido que nunca hubiese hecho. Un acto que certeramente no encontrara antecedentes en mi conciencia. Y me desnudé por completo. Y puse la videocassetera sobre mi cabeza. Y con la mano que me quedaba descolgué el teléfono y lo enrosqué a mi brazo. Puse una pierna sobre la cama, y con la otra comencé a saltar. En ese momento de vulnerabilidad entró mi hermano por la puerta, y mirándome con asombro me dijo: ¿otra vez?
Dejé de saltar y me desmayé. Cuando me repuse no recordaba nada de nada. Lo único que quería era fumar un cigarrillo.
25 de mayo de 2008
Creo, me parece, me da la impresión...
- Que lo que gobierna no son las ideas, sino los sistemas de pensamiento. Las formas, y no los contenidos.
- Que cualquier cosa que pongas en google imágenes te va a arrojar como resultado al menos un culo.
- Que está la gente que trabaja por dinero, y la que trabaja por gusto, y en esa diferencia radican muchísimas cosas.
- Que en gran medida son las diferencias físicas las que generan los mayores desentendimientos entre hombres y mujeres. Ponerla o dejarla entrar no es lo mismo.
- Que siempre la adolescencia es igual de rebelde, estereotipable, y distante de las otras generaciones. Que lo que cambia es el tiempo, pero como estructura, es siempre la misma adolescencia.
- Que el primer síntoma de cualquier enfermedad, se refuerza y se concreta con el diagnóstico. Creo que el "usted tiene tal cosa..." desencadena una correntada desde la psiquis que revoluciona a todo el cuerpo. No digo que haya que dejar de ir al médico, pero si.
- Que los policías son las personas que más mensajes de texto mandan por día.
- Que la libertad del alma se encuentra en el futuro. Que sólo en ese instante en que se mira hacia adelante se rompen los lazos del condicionamiento y la cultura aprendida.
- Que muchos problemas que existen se resolverían si no nos tomaramos las cosas intrascendentes y cotidianas tan enserio. Que muchos se olvidan que la vida es un juego. Y que en un mundo de pantomima, siempre se puede frenar, y buscar en la introspección personal, dos kilo´de desmaquillante.
- Que cualquier cosa que pongas en google imágenes te va a arrojar como resultado al menos un culo.
- Que está la gente que trabaja por dinero, y la que trabaja por gusto, y en esa diferencia radican muchísimas cosas.
- Que en gran medida son las diferencias físicas las que generan los mayores desentendimientos entre hombres y mujeres. Ponerla o dejarla entrar no es lo mismo.
- Que siempre la adolescencia es igual de rebelde, estereotipable, y distante de las otras generaciones. Que lo que cambia es el tiempo, pero como estructura, es siempre la misma adolescencia.
- Que el primer síntoma de cualquier enfermedad, se refuerza y se concreta con el diagnóstico. Creo que el "usted tiene tal cosa..." desencadena una correntada desde la psiquis que revoluciona a todo el cuerpo. No digo que haya que dejar de ir al médico, pero si.
- Que los policías son las personas que más mensajes de texto mandan por día.
- Que la libertad del alma se encuentra en el futuro. Que sólo en ese instante en que se mira hacia adelante se rompen los lazos del condicionamiento y la cultura aprendida.
- Que muchos problemas que existen se resolverían si no nos tomaramos las cosas intrascendentes y cotidianas tan enserio. Que muchos se olvidan que la vida es un juego. Y que en un mundo de pantomima, siempre se puede frenar, y buscar en la introspección personal, dos kilo´de desmaquillante.
20 de mayo de 2008
Reloj de Arena (Mar del Sur)
Todo fue espontáneo. O casi todo. Por lo menos de mi parte.
La situación no era corriente, pero después de tres días de playa ya estaba con una pasajera sensación de localía. Ya me había mojado los pies en el mar. Ya había mirado al horizonte con la incertidumbre de lo inmensamente grande, y con la inevitable angustia que siempre me generó Alfonsina, tomando de las mechas a la poesía, metiendose en el mar para ahogarse con ella, y resucitar. Esa convicción de muerte me pone los pelos de punta. Por suerte no estaba en Mar del Plata, pero había pasado cerca.
Estaba en un lugar mucho más grande. O en realidad era mucho más chico, pero había menos gente, y menos casas. No había cosas como balnearios ni locales de Havanna. Había playa, mar, un camping a cuatro cuadras, Tony (el perro al que le tocó ser mejor amigo de quién les habla), gaviotas, piedras, y yo. Nada más.
Estaba empezando a pensar en nada cuando clavé el talón en la arena y empecé a caminar, casi instintivamente, hacia atrás. La sensación era placentera, y mi cabeza buscó un sentido. Entonces la sensación le contestó con más instinto, e impulsó más pasos hacia atrás. La cabeza buscó sentido de nuevo y lo encontró. Entonces me propuso seguir con el talón hasta hacer un círculo en la arena; un gran círculo. Era un desafío geométrico simple, pero la simpleza en grandes escalas puede verse compleja. Cerré mi círculo y mi talón se sintió satisfecho, pero no (como siempre) mi cabeza. Entonces creí que tenía que hacer algo con ese círculo, y fue en ese instante cuando pasó una avioneta. Ahora ya sabía quién era mi público.
Una idea simple, obtusa, fácil y lo suficientemente confusa como para entusiasmarme. El círculo sería un reloj. El reloj tendría una hora. La hora no tendría sentido alguno, pero eso sí, cualquier persona tendría que hacer su propia interpretación. Un gran reloj en la arena, con una hora precisa marcada, daría a luz una fantasía. Siempre creí que no saber el porqué de algunas cosas, es acaso saberlo de una manera más interesante. Y este era el caso.
Entonces empecé a hacer la cuenta de cuántas cuentas tendría que hacer para mi reloj. En principio sabía que tenía que poner uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, y doce números. Y también sabía que tenían que estar a la misma distancia unos de otros. Nunca fui bueno en matemáticas, y presentía que estaba empezando a complicarse justo en el siguiente paso. No sé porqué, pero intuí que contar el total de pasos que tenía mi círculo me daría un dato con el que luego podría dividir, o sumar, o restar. Todavía no estaba seguro.
Con el círculo en la arena, comencé a caminar su contorno, y empecé el conteo. Centré mi esfuerzo en dar a cada paso el mismo tamaño. Tony no entendía un porongo de lo que yo estaba haciendo, pero yo tampoco entendía mucho de lo que él hacía. En ese perro encontré lealtad, y además respeto. Pero yo seguía el conteo, casi preocupado por el resultado. A paso firme enumeraba, pero también dudaba. ¿Cómo tendría que seguir la cuenta? El resultado dividido 4 me daba la ubicación del 12, del 3, del 6, y del 9. Pero eso era casi un reloj. Necesitaba todos los números, y mientras tanto seguía avanzando por el 23, 24, 25, 26, 27, 28...
La paradoja de caminar en círculo sin saber a dónde iría a parar me causaba cierta gracia, pero si hacía un reloj impreciso esto dejaba de ser esto y pasaba a ser una pérdida de tiempo, y eso era otra paradoja.
El último tramo del círculo fue determinante y además causante de todo este relato. Si el final no hubiese sido cómo fue, yo no estaría contando nada de esto. Había una huella bien marcada en el lugar donde había comenzado. En esa huella terminaba el conteo y por fin tendría el dato que sabía necesario. Escalofríos me dió suponerlo. Deslumbramiento presentirlo. Estaba ante una remota posibilidad, dejando de ser remota, empezando a ser posible. El final contó: 55, 56, 57, 58...59...60.
El círculo tenía 60 pasos de diámetro. Y eso significaba que el reloj, estuvo hecho desde un principio.
La situación no era corriente, pero después de tres días de playa ya estaba con una pasajera sensación de localía. Ya me había mojado los pies en el mar. Ya había mirado al horizonte con la incertidumbre de lo inmensamente grande, y con la inevitable angustia que siempre me generó Alfonsina, tomando de las mechas a la poesía, metiendose en el mar para ahogarse con ella, y resucitar. Esa convicción de muerte me pone los pelos de punta. Por suerte no estaba en Mar del Plata, pero había pasado cerca.
Estaba en un lugar mucho más grande. O en realidad era mucho más chico, pero había menos gente, y menos casas. No había cosas como balnearios ni locales de Havanna. Había playa, mar, un camping a cuatro cuadras, Tony (el perro al que le tocó ser mejor amigo de quién les habla), gaviotas, piedras, y yo. Nada más.
Estaba empezando a pensar en nada cuando clavé el talón en la arena y empecé a caminar, casi instintivamente, hacia atrás. La sensación era placentera, y mi cabeza buscó un sentido. Entonces la sensación le contestó con más instinto, e impulsó más pasos hacia atrás. La cabeza buscó sentido de nuevo y lo encontró. Entonces me propuso seguir con el talón hasta hacer un círculo en la arena; un gran círculo. Era un desafío geométrico simple, pero la simpleza en grandes escalas puede verse compleja. Cerré mi círculo y mi talón se sintió satisfecho, pero no (como siempre) mi cabeza. Entonces creí que tenía que hacer algo con ese círculo, y fue en ese instante cuando pasó una avioneta. Ahora ya sabía quién era mi público.
Una idea simple, obtusa, fácil y lo suficientemente confusa como para entusiasmarme. El círculo sería un reloj. El reloj tendría una hora. La hora no tendría sentido alguno, pero eso sí, cualquier persona tendría que hacer su propia interpretación. Un gran reloj en la arena, con una hora precisa marcada, daría a luz una fantasía. Siempre creí que no saber el porqué de algunas cosas, es acaso saberlo de una manera más interesante. Y este era el caso.
Entonces empecé a hacer la cuenta de cuántas cuentas tendría que hacer para mi reloj. En principio sabía que tenía que poner uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, y doce números. Y también sabía que tenían que estar a la misma distancia unos de otros. Nunca fui bueno en matemáticas, y presentía que estaba empezando a complicarse justo en el siguiente paso. No sé porqué, pero intuí que contar el total de pasos que tenía mi círculo me daría un dato con el que luego podría dividir, o sumar, o restar. Todavía no estaba seguro.
Con el círculo en la arena, comencé a caminar su contorno, y empecé el conteo. Centré mi esfuerzo en dar a cada paso el mismo tamaño. Tony no entendía un porongo de lo que yo estaba haciendo, pero yo tampoco entendía mucho de lo que él hacía. En ese perro encontré lealtad, y además respeto. Pero yo seguía el conteo, casi preocupado por el resultado. A paso firme enumeraba, pero también dudaba. ¿Cómo tendría que seguir la cuenta? El resultado dividido 4 me daba la ubicación del 12, del 3, del 6, y del 9. Pero eso era casi un reloj. Necesitaba todos los números, y mientras tanto seguía avanzando por el 23, 24, 25, 26, 27, 28...
La paradoja de caminar en círculo sin saber a dónde iría a parar me causaba cierta gracia, pero si hacía un reloj impreciso esto dejaba de ser esto y pasaba a ser una pérdida de tiempo, y eso era otra paradoja.
El último tramo del círculo fue determinante y además causante de todo este relato. Si el final no hubiese sido cómo fue, yo no estaría contando nada de esto. Había una huella bien marcada en el lugar donde había comenzado. En esa huella terminaba el conteo y por fin tendría el dato que sabía necesario. Escalofríos me dió suponerlo. Deslumbramiento presentirlo. Estaba ante una remota posibilidad, dejando de ser remota, empezando a ser posible. El final contó: 55, 56, 57, 58...59...60.
El círculo tenía 60 pasos de diámetro. Y eso significaba que el reloj, estuvo hecho desde un principio.
---------------------------------------------------
Mar del Sur es una villa balnearia, ubicada entre los arroyos La Tigra y La Carolina, en el partido de Gral. Alvarado.
Fundada en el año 1885, posee un hotel construido en la misma década, con arquitectura de estilo francés, con 100 habitaciones. Hoy es una residencia privada, y aunque abandonada, se dan recorridos turísticos, en los cuales se omite una historia que sucedió en su interior.
Las playas de Mar del sur poseen arenas finas, sin grandes desniveles, con arroyos que vierten sus cauces de agua dulce en el mar.
A unos 4 km al sur, se encuentra Rocas Negras. Un lugar donde se puede apreciar una formación rocosa que forma un espigón natural, que culmina con una imagen de María, entronizada frente al mar.
A unos 4 km al sur, se encuentra Rocas Negras. Un lugar donde se puede apreciar una formación rocosa que forma un espigón natural, que culmina con una imagen de María, entronizada frente al mar.
Yendo hacia el norte se encuentra (o no) el balneario El Remanso. Es una playa que posee una gran amplitud. Casi como la del mar.
Más al norte (aprox. 2km) hay un estuario en donde hay una pequeña cascada de unos 2m de altura.
Otro curioso atractivo es la Casa de los Caracoles, construida por don Herve E. Plaul, quien la recubrió totalmente de caracoles en una tarea que le insumió 12 años y finalizó en 1996.
Más al norte (aprox. 2km) hay un estuario en donde hay una pequeña cascada de unos 2m de altura.
Otro curioso atractivo es la Casa de los Caracoles, construida por don Herve E. Plaul, quien la recubrió totalmente de caracoles en una tarea que le insumió 12 años y finalizó en 1996.
16 de mayo de 2008
29 de abril de 2008
22 de abril de 2008
Luca Vive (en el sexto piso)
Miranda estaba tomando su clase de yoga cuando llegué al departamento de Hidalgo y Yerbal. Después de estar un rato parado en la ventana, al tiempo que tomaba unos amargos, la luz no faltaba, pero la chispa si. Entonces prendí una vela paraguaya, en una pipa argentina, con un encendedor taiwanés. Era un sábado a la tarde con resabios de viernes, un viernes que había sido con resabios de jueves, de un jueves con resabios de miércoles, de un miércoles con resabios de martes, un martes con resabios de lunes.
Entonces me dispuse a salir, para ver si con la gente amontonada en José María Moreno y Rivadavia las fichas se acomodaban.
Estaba en el piso 8vo, y para salir necesitaba de ese aparejo lleno de botones que sube y baja a la gente. Algo que para mi debería llamarse ascensor y descensor. Pero sea cual fuere su nombre, ningun nombre le correspondía si no funcionaba, si no cumplía con el fin para el cual había sido construído. Y eso era exactamente lo que pasaba. El ascensor no ascendía ni descendía. El ascensor no funcionaba.
Entonces opté por el medio fiel y alternativo de la escalera, y comencé el descenso. Pasé por el piso 7mo casi sin mirar, y las voces con eco de pasillo que venían de más abajo comenzaban a sentirse más y más cerca con cada escalón. En el descanso de la escalera que unía el 6to con el 5to, identifiqué la fuente de los lamentos que venía escuchando desde hacía dos escaleras. Era una pareja de ancianos, ella en bata, él en pijamas, ambos ancianos, ambos quejosos, ambos indignados, porque no encontraban ni fidelidad ni nada en la escalera. Cada movimiento era una gota de conciencia para un cuerpo que ya no la necesitaba. Una molestia, un sin fin de escalones, una tortura espiralada. Entonces pienso que no hay médico ni remedio para esos estados de ánimo, pero si pensaba rápido y práctico quizás si, podía decir algo optimista. Uno de esos “hay cosas peores” que placeban superficialmente las cosas.
Entonces me doy vuelta, ya habiéndolos pasado, como el conejo pasa a la tortuga, y les digo: menos mal que es en bajada, peor sería estar subiendo...
Él levanta la vista, y con la boca semiabierta me mira, toma aire, y cuando creí que iba a escuchar otra queja sorda y desconsolada, me dice con voz fuerte y bien entonada: Juventud! Divino... tesoro...
Tardé en darme vuelta. Llegué a planta baja, a la calle, a José María Moreno. Estaba repleto de gente, pero eso ya no importaba. Ese día deambulé por la calle durante horas, y sin embargo, no encontré forma alguna de bajar del 6to piso.
Entonces me dispuse a salir, para ver si con la gente amontonada en José María Moreno y Rivadavia las fichas se acomodaban.
Estaba en el piso 8vo, y para salir necesitaba de ese aparejo lleno de botones que sube y baja a la gente. Algo que para mi debería llamarse ascensor y descensor. Pero sea cual fuere su nombre, ningun nombre le correspondía si no funcionaba, si no cumplía con el fin para el cual había sido construído. Y eso era exactamente lo que pasaba. El ascensor no ascendía ni descendía. El ascensor no funcionaba.
Entonces opté por el medio fiel y alternativo de la escalera, y comencé el descenso. Pasé por el piso 7mo casi sin mirar, y las voces con eco de pasillo que venían de más abajo comenzaban a sentirse más y más cerca con cada escalón. En el descanso de la escalera que unía el 6to con el 5to, identifiqué la fuente de los lamentos que venía escuchando desde hacía dos escaleras. Era una pareja de ancianos, ella en bata, él en pijamas, ambos ancianos, ambos quejosos, ambos indignados, porque no encontraban ni fidelidad ni nada en la escalera. Cada movimiento era una gota de conciencia para un cuerpo que ya no la necesitaba. Una molestia, un sin fin de escalones, una tortura espiralada. Entonces pienso que no hay médico ni remedio para esos estados de ánimo, pero si pensaba rápido y práctico quizás si, podía decir algo optimista. Uno de esos “hay cosas peores” que placeban superficialmente las cosas.
Entonces me doy vuelta, ya habiéndolos pasado, como el conejo pasa a la tortuga, y les digo: menos mal que es en bajada, peor sería estar subiendo...
Él levanta la vista, y con la boca semiabierta me mira, toma aire, y cuando creí que iba a escuchar otra queja sorda y desconsolada, me dice con voz fuerte y bien entonada: Juventud! Divino... tesoro...
Tardé en darme vuelta. Llegué a planta baja, a la calle, a José María Moreno. Estaba repleto de gente, pero eso ya no importaba. Ese día deambulé por la calle durante horas, y sin embargo, no encontré forma alguna de bajar del 6to piso.
15 de abril de 2008
De importans of saund
If iu dont spik Inglish, iu wil bi spiking it widaut íven rialaising.
On di oder jand, if iu du spik Inglish, iu wil bi anderstanding, widaut riding it.
Güords jav de sin of biing important for wining several batls agenst taim. Bat lisen tu wat aim seing tu iu widaut riding it, bicos aim not wraiting it.
Its de saund dat oupens de geits tu anderstending. Güords ar de cónsecuens. E preset simbol sistem of mutual anderstanding. E comon set ap. Bat güords ar not as important as leters. And de leter dat dasnt riprisent e saund, saséptibl of biing anderstúd, is not important.
Iu kant wrait enizing dat dasnt jav e saund.
Nazing dat dasnt riprisent e saund kan bi red.
Evri saund dat can bi anderstúd, is e güord.
On di oder jand, if iu du spik Inglish, iu wil bi anderstanding, widaut riding it.
Güords jav de sin of biing important for wining several batls agenst taim. Bat lisen tu wat aim seing tu iu widaut riding it, bicos aim not wraiting it.
Its de saund dat oupens de geits tu anderstending. Güords ar de cónsecuens. E preset simbol sistem of mutual anderstanding. E comon set ap. Bat güords ar not as important as leters. And de leter dat dasnt riprisent e saund, saséptibl of biing anderstúd, is not important.
Iu kant wrait enizing dat dasnt jav e saund.
Nazing dat dasnt riprisent e saund kan bi red.
Evri saund dat can bi anderstúd, is e güord.
4 de abril de 2008
Va a haber una vez
Gonzalo va a nacer el 12 de agosto de dentro de diez años. Desde sus primeros días será una persona de fuerte tempreramento, equilibrado y más adelante oportunamente amparador.
Gonzalo se convertirá en un hombre de bien, y conocerá, como suele suceder en estos casos, a una mujer que lo merezca.
Patricia será una madre de esas que desdibujan los roles constantemente, estableciendo lazos de hija con su pareja, de pareja con su padre, de hermana con sus hijos, etc, etc, etc. Aunque eso no quitará su debienez.
De este matrimonio nacerá Felipe. Un niño con una gran capacidad para el juego, la inventiva y el arte de la astucia como forma elaborada de inteligencia de aplicación práctica.
Esta natural disposición a la resolución espontánea de problemas cotidianos lo hará triunfar en el mundo laboral. Pero eso será quizás parte de otra historia y no viene al caso.
Lo realmente importante, sorprendente, llamativo y curioso de esta historia, sucederá poco después de que Felipe cumpla los 7 años. Día en el que recibirá por regalo a Chungo, un hermoso ovejero belga, de caracter dócil, solemne y juguetón.
Chungo y Felipe serán inmediatamente grandes compañeros.
A mediados de enero de ese mismo año, Felipe y Chungo irán de veraneo a la costa, y cruzando la avenida que separa la casa que alquilarán del mar, Chungo será atropellado y luego pisado por un bus lleno de monjitas cantando “Señor de Galilea” con tanto ahínco, que nadie, ni el chofer ni las devotas, notará el ladrido o el crujido de los huesos de Chungo entre la goma y el asfalto.
En ese momento, el grito de Felipe hará que Gonzalo corra con toda velocidad hacia su hijo, para levantarlo en brazos y apoyando la desconsolada cabecita en sus hombros, le susurrará al oído:
- Tranquilo hijo. No llores. Nada de esto ha pasado todavía. Iremos de vacaciones a otro lugar, o pondremos a Chungo una correa para que nunca cruce la avenida.
Así Felipe dejó de llorar, sonrió, y vivieron, cuando pasó esto y no lo otro, felices para siempre.
Gonzalo se convertirá en un hombre de bien, y conocerá, como suele suceder en estos casos, a una mujer que lo merezca.
Patricia será una madre de esas que desdibujan los roles constantemente, estableciendo lazos de hija con su pareja, de pareja con su padre, de hermana con sus hijos, etc, etc, etc. Aunque eso no quitará su debienez.
De este matrimonio nacerá Felipe. Un niño con una gran capacidad para el juego, la inventiva y el arte de la astucia como forma elaborada de inteligencia de aplicación práctica.
Esta natural disposición a la resolución espontánea de problemas cotidianos lo hará triunfar en el mundo laboral. Pero eso será quizás parte de otra historia y no viene al caso.
Lo realmente importante, sorprendente, llamativo y curioso de esta historia, sucederá poco después de que Felipe cumpla los 7 años. Día en el que recibirá por regalo a Chungo, un hermoso ovejero belga, de caracter dócil, solemne y juguetón.
Chungo y Felipe serán inmediatamente grandes compañeros.
A mediados de enero de ese mismo año, Felipe y Chungo irán de veraneo a la costa, y cruzando la avenida que separa la casa que alquilarán del mar, Chungo será atropellado y luego pisado por un bus lleno de monjitas cantando “Señor de Galilea” con tanto ahínco, que nadie, ni el chofer ni las devotas, notará el ladrido o el crujido de los huesos de Chungo entre la goma y el asfalto.
En ese momento, el grito de Felipe hará que Gonzalo corra con toda velocidad hacia su hijo, para levantarlo en brazos y apoyando la desconsolada cabecita en sus hombros, le susurrará al oído:
- Tranquilo hijo. No llores. Nada de esto ha pasado todavía. Iremos de vacaciones a otro lugar, o pondremos a Chungo una correa para que nunca cruce la avenida.
Así Felipe dejó de llorar, sonrió, y vivieron, cuando pasó esto y no lo otro, felices para siempre.
3 de abril de 2008
Someconoc ol lauc lat odnum le
Estaba el hombre en su ciudad. Estaban los hombres en sus ciudades. Estaban las calles, los nombres de las calles, la huella de los hombres de los nombres de las calles, y los hombres comunes también estaban.
Los sistemas político, económico y religiosos eran el producto irrefutable de un ensayo-error que llevaba siglos perfeccionandose.
La gente tenía su trabajo, su casa, y sus familias o amigos. Los más afortunados, tenían terapeuta y una carrera de grado.
Provenientes de tierras lejanas, en el año 2042 arriban a las costas de América tres barcas al mando del cacique Crostibolur Culum, que tenía por fin restaurar las tierras del eterno origen, donde sus antepasados habían forjado los lazos más nobles de convivencia con la naturaleza. Otra fuerza que motivaba la expedición era la demosración empírica de una teoría que sostenía que el ciclo del tiempo era circular, y no lineal como se creía en otras culturas.
La reconquista se dio desde la costa, hacia el centro, norte y sur del continente. Los reconquistadores emprendieron así, una cruel matanza del hombre civilizado, imponiendo un replanteo del credo y las costumbres, que derivó en una alteración demográfica y cultural con antecedentes.
Reinó así la inferiorización y el desconocimiento de la naturaleza humana de los pueblos habitantes al ser reducidos a la categoría de "encomendados", sometidos y desconocidos como seres humanos con derechos.
Así el hombre de traje fue muerto o, con suerte no mucho mejor, obligado a trabajar bajo una relación de respeto y sumisión a las órdenes de la naturaleza hasta desfallecer, alejado injustamente de sus tv’s de plasma, controles remotos, vidrieras y ordenadores.
Las mujeres con ropa de Rapsodia y Akiabara fueron violadas y después muertas.
Los edificios y shoppings fueron derrumbados sin clemencia, y en su lugar se instalaron montes y animales. Los sueños y las construcciones de los que habían ocupado estas tierras fueron devastados a cada paso de la reconquista.
Un brujo y su séquito arribaron a las tierras avanzado el reestablecimiento, para dar la posibilidad a hombres y mujeres de desbautizarse, prometiendo en su lugar la protección y atención a la madre tierra. De esta manera la muerte tenía una opción de no ser. Había que adorar lo que los reconquistadores. De lo contrario, se moría.
El golpe más duro del que se tiene registro en el territorio nacional, fue lo que se conoció como La Conquista del Microcentro, durante el mandato del Gu principal de la época Jun Manul de las Rosas.
Al día de hoy, los civilizados se encuentran en grupos reducidos y dispersos. Algunos aun demandando la reconstrucción de peatonales y zonas de WiFi, otros resignados se dedican a practicar sus antiguas costumbres como patrimonio innegable a la libertad del individuo, tarareando canciones de U2 o debatiendo las añoradas temporadas de Lost.
La lucha de estas minorías es apoyada por organismos no madreterrenales, aunque en general se considera una lucha perdida, un testimonio poco interesante de una cultura que ya no tiene lugar ni razón de ser.
Los sistemas político, económico y religiosos eran el producto irrefutable de un ensayo-error que llevaba siglos perfeccionandose.
La gente tenía su trabajo, su casa, y sus familias o amigos. Los más afortunados, tenían terapeuta y una carrera de grado.
Provenientes de tierras lejanas, en el año 2042 arriban a las costas de América tres barcas al mando del cacique Crostibolur Culum, que tenía por fin restaurar las tierras del eterno origen, donde sus antepasados habían forjado los lazos más nobles de convivencia con la naturaleza. Otra fuerza que motivaba la expedición era la demosración empírica de una teoría que sostenía que el ciclo del tiempo era circular, y no lineal como se creía en otras culturas.
La reconquista se dio desde la costa, hacia el centro, norte y sur del continente. Los reconquistadores emprendieron así, una cruel matanza del hombre civilizado, imponiendo un replanteo del credo y las costumbres, que derivó en una alteración demográfica y cultural con antecedentes.
Reinó así la inferiorización y el desconocimiento de la naturaleza humana de los pueblos habitantes al ser reducidos a la categoría de "encomendados", sometidos y desconocidos como seres humanos con derechos.
Así el hombre de traje fue muerto o, con suerte no mucho mejor, obligado a trabajar bajo una relación de respeto y sumisión a las órdenes de la naturaleza hasta desfallecer, alejado injustamente de sus tv’s de plasma, controles remotos, vidrieras y ordenadores.
Las mujeres con ropa de Rapsodia y Akiabara fueron violadas y después muertas.
Los edificios y shoppings fueron derrumbados sin clemencia, y en su lugar se instalaron montes y animales. Los sueños y las construcciones de los que habían ocupado estas tierras fueron devastados a cada paso de la reconquista.
Un brujo y su séquito arribaron a las tierras avanzado el reestablecimiento, para dar la posibilidad a hombres y mujeres de desbautizarse, prometiendo en su lugar la protección y atención a la madre tierra. De esta manera la muerte tenía una opción de no ser. Había que adorar lo que los reconquistadores. De lo contrario, se moría.
El golpe más duro del que se tiene registro en el territorio nacional, fue lo que se conoció como La Conquista del Microcentro, durante el mandato del Gu principal de la época Jun Manul de las Rosas.
Al día de hoy, los civilizados se encuentran en grupos reducidos y dispersos. Algunos aun demandando la reconstrucción de peatonales y zonas de WiFi, otros resignados se dedican a practicar sus antiguas costumbres como patrimonio innegable a la libertad del individuo, tarareando canciones de U2 o debatiendo las añoradas temporadas de Lost.
La lucha de estas minorías es apoyada por organismos no madreterrenales, aunque en general se considera una lucha perdida, un testimonio poco interesante de una cultura que ya no tiene lugar ni razón de ser.
31 de marzo de 2008
Diáloco 5
- Papá, ¿qué es la relatividad?
- Depende...
- Depende...
Julio
Julio escribe en una hoja.
Luego la borra, y la vuelve a usar.
No deja pasar ningún pensamiento,
sin darle palabra con la que expresar.
Pero luego comete su propia matanza.
Su propia barbarie, su nulo existir.
Quizás quiera ser borrador erudito,
y a sus fines absurdos necesita escribir.
Tal vez así logre, ganarle al pasado.
Ser siempre presente. Anacronizar.
Julio el descartable, en las bibliotecas,
es libros que nunca nadie pedirá.
Sin embargo su hoja, la eterna, la misma,
aunque sin palabras supo cobijar,
ni oraciones bimembres, ni puntos, ni comas,
más si aquellas marcas del tiempo al pasar.
Marcas imborrables como un sentimiento.
Marcas que no saben el tiempo callar.
Julio está encerrado en un sentimiento.
Por eso es que borra, no puede escapar.
Julio nunca escribe. Rellena las marcas.
Julio acaso es preso de su libertad.
Luego la borra, y la vuelve a usar.
No deja pasar ningún pensamiento,
sin darle palabra con la que expresar.
Pero luego comete su propia matanza.
Su propia barbarie, su nulo existir.
Quizás quiera ser borrador erudito,
y a sus fines absurdos necesita escribir.
Tal vez así logre, ganarle al pasado.
Ser siempre presente. Anacronizar.
Julio el descartable, en las bibliotecas,
es libros que nunca nadie pedirá.
Sin embargo su hoja, la eterna, la misma,
aunque sin palabras supo cobijar,
ni oraciones bimembres, ni puntos, ni comas,
más si aquellas marcas del tiempo al pasar.
Marcas imborrables como un sentimiento.
Marcas que no saben el tiempo callar.
Julio está encerrado en un sentimiento.
Por eso es que borra, no puede escapar.
Julio nunca escribe. Rellena las marcas.
Julio acaso es preso de su libertad.
24 de marzo de 2008
Diáloco (extended version)
Suena el teléfono. Carmen deja la ropa y se acerca.
Mira por la ventana sin atender.
Atiende.
Carmen:- Hola?
Voz:- Si, quería hablar con Nestor por favor.
Carmen:- Disculpe, no le entiendo.
Voz:- Que quería, por favor, hablar con Nestor.
Carmen:- Si, lo que quería lo entiendo perfectamente. Lo que no entiendo es lo que quiere.
Voz:- Perdón, ¿quién habla?
Carmen:- Hasta ahi, usted. Ahora yo...
(se produce un silencio)
Carmen:- Ahora nadie. Ahora yo de nuevo...
Voz:- No entiendo nada... Hagamos una cosa. ¿Le puede avisar a Nestor que llamó Hernán?
Carmen:- Si, como no. (alejándose del teléfono) Nestor, llamó Hernan.
Hernán:- Pero cómo! ¿Está ahi Nestor? ¿Porqué no me avisó?
Carmen:- Pero usted no se decide señor. ¿Le aviso a Nestor que llamó Hernán? ¿O le aviso a Hernán que llegó Nestor? ¿Qué es lo que quiere? ¿Volverme loca?
(Abrupto)
Nestor:- ¡Hola!...¿¿Quién habla??
Hernán;- Hasta ahi, usted. Ahora yo...
(se produce un silencio)
Hernán:- Ahora nadie. Ahora yo de nuevo...
Mira por la ventana sin atender.
Atiende.
Carmen:- Hola?
Voz:- Si, quería hablar con Nestor por favor.
Carmen:- Disculpe, no le entiendo.
Voz:- Que quería, por favor, hablar con Nestor.
Carmen:- Si, lo que quería lo entiendo perfectamente. Lo que no entiendo es lo que quiere.
Voz:- Perdón, ¿quién habla?
Carmen:- Hasta ahi, usted. Ahora yo...
(se produce un silencio)
Carmen:- Ahora nadie. Ahora yo de nuevo...
Voz:- No entiendo nada... Hagamos una cosa. ¿Le puede avisar a Nestor que llamó Hernán?
Carmen:- Si, como no. (alejándose del teléfono) Nestor, llamó Hernan.
Hernán:- Pero cómo! ¿Está ahi Nestor? ¿Porqué no me avisó?
Carmen:- Pero usted no se decide señor. ¿Le aviso a Nestor que llamó Hernán? ¿O le aviso a Hernán que llegó Nestor? ¿Qué es lo que quiere? ¿Volverme loca?
(Abrupto)
Nestor:- ¡Hola!...¿¿Quién habla??
Hernán;- Hasta ahi, usted. Ahora yo...
(se produce un silencio)
Hernán:- Ahora nadie. Ahora yo de nuevo...
6 de marzo de 2008
Dialoco 4
- A veces el silencio es la mejor respuesta.
- ....
- ....
Dialoco 3
- A veces el silencio es la mejor respuesta.
- Si, es verdad che. Cuánta razón que tenés. Hay mucha gente que conozco que no se da cuenta que es mejor quedarse callado porque no están diciendo nada que aporte a lo anterior. A veces es mejor quedarse callado y no decir nada. Jaja! Cuánta razón.
- Si, es verdad che. Cuánta razón que tenés. Hay mucha gente que conozco que no se da cuenta que es mejor quedarse callado porque no están diciendo nada que aporte a lo anterior. A veces es mejor quedarse callado y no decir nada. Jaja! Cuánta razón.
5 de marzo de 2008
Fílmala de nuevo, Sam (o manifiesto de odio)
¿Me parece a mi o en los últimos cambios de cartelera ya van 5 películas donde el mundo se termina, y la estatua de la libertad se hunde, se rompe o explota?
Desde el vamos, la disposición de contenido cinematográfico en Argentina deja bastante que desear. Casi el 80% de las salas son Norteamericanas, y las películas que se proyectan son en el mismo porcentaje estadounidenses. ¿Esto quiere decir que yo todos los meses voy a tener a Willie Smith pegandole a un bicho distinto, diciendo grandiosas frases y salvando al mundo? Por favor, no.
Me parece bien el convenio por el cual de cada 10 películas, por lo menos una o dos, ¿tres cómo mucho? son argentinas. De hecho hasta me parece que podrían ser más.
Es verdad que el cine europeo a veces tiene ritmos que los americanos del sur no tenemos.
Esas escenas de cinco minutos de silencio donde no sabés si la película es así o dejaron la cámara prendida sin querer. Pero vamos, que un poquito de mezcla le da más gusto.
De cualquier forma, esto sigue siendo un manifiesto de odio, así que volviendo a Hoytts, Cinemark y el empacho que me causa el mundo pochoclero, quiero decir:
Odio los discursos antes de apretar el gatillo. El crimen es viceral, no mental.
Odio cuando son 10 contra 1 y se acercan de a uno para pegarle al héroe.
Odio que corten el cable correcto de la bomba cuando el reloj marca 00:00:02.
Odio al personaje oscuro, raro y loquito que te ponen siempre para que pienses toda la película que es el asesino, y que al final sea el mejor amigo.
Odio al policía que después de seis explosiones, tortura psicológica, cuatro balazos y una caída desde el 4to piso, aparece al final con nada más que un puto brazo enyesado, recibiendo una medalla, cuando debería haber perdido cinco dientes, la movilidad de una pierna, las ganas de vivir y por lo menos un ojo.
Odio que Ben Stiller haga Jumanji en un museo.
Odio que le puedas decir "siga ese coche!" a un tachero y el chabón active al toque como si fuera el primo de Alan Pros.
Odio las comedias románticas, y esas discusiones de "somos tan distintos que nos amamos".
Odio que las tribus salvajes de la jungla siempre entienden al rubio que les dice "just wanna talk. we friends".
Odio la gente que baja al sótano con la luz apagada cuando escucha ruidos con los que nadie, por más conchudo que seas, se animaría a bajar.
Odio los autos que no arrancan de primera cuando viene el asesino.
Odio que Morgan Freeman nunca pierda la calma.
Odio que 300 sea el slow motion de Gladiador, con una pizca de Narnia, Sin City y El Señor de los Anillos.
Odio, y me preocupa.
Me preocupa porque son siempre las mismas películas.
Me preocupa porque Blockbuster es una onda expansiva de esta mierda saturada.
Y sobretodo me preocupa la risa y la emoción del opa que te puede tocar al lado, que no para de hacer ruido con la caja de pochoclos.
Lo odio.
Desde el vamos, la disposición de contenido cinematográfico en Argentina deja bastante que desear. Casi el 80% de las salas son Norteamericanas, y las películas que se proyectan son en el mismo porcentaje estadounidenses. ¿Esto quiere decir que yo todos los meses voy a tener a Willie Smith pegandole a un bicho distinto, diciendo grandiosas frases y salvando al mundo? Por favor, no.
Me parece bien el convenio por el cual de cada 10 películas, por lo menos una o dos, ¿tres cómo mucho? son argentinas. De hecho hasta me parece que podrían ser más.
Es verdad que el cine europeo a veces tiene ritmos que los americanos del sur no tenemos.
Esas escenas de cinco minutos de silencio donde no sabés si la película es así o dejaron la cámara prendida sin querer. Pero vamos, que un poquito de mezcla le da más gusto.
De cualquier forma, esto sigue siendo un manifiesto de odio, así que volviendo a Hoytts, Cinemark y el empacho que me causa el mundo pochoclero, quiero decir:
Odio los discursos antes de apretar el gatillo. El crimen es viceral, no mental.
Odio cuando son 10 contra 1 y se acercan de a uno para pegarle al héroe.
Odio que corten el cable correcto de la bomba cuando el reloj marca 00:00:02.
Odio al personaje oscuro, raro y loquito que te ponen siempre para que pienses toda la película que es el asesino, y que al final sea el mejor amigo.
Odio al policía que después de seis explosiones, tortura psicológica, cuatro balazos y una caída desde el 4to piso, aparece al final con nada más que un puto brazo enyesado, recibiendo una medalla, cuando debería haber perdido cinco dientes, la movilidad de una pierna, las ganas de vivir y por lo menos un ojo.
Odio que Ben Stiller haga Jumanji en un museo.
Odio que le puedas decir "siga ese coche!" a un tachero y el chabón active al toque como si fuera el primo de Alan Pros.
Odio las comedias románticas, y esas discusiones de "somos tan distintos que nos amamos".
Odio que las tribus salvajes de la jungla siempre entienden al rubio que les dice "just wanna talk. we friends".
Odio la gente que baja al sótano con la luz apagada cuando escucha ruidos con los que nadie, por más conchudo que seas, se animaría a bajar.
Odio los autos que no arrancan de primera cuando viene el asesino.
Odio que Morgan Freeman nunca pierda la calma.
Odio que 300 sea el slow motion de Gladiador, con una pizca de Narnia, Sin City y El Señor de los Anillos.
Odio, y me preocupa.
Me preocupa porque son siempre las mismas películas.
Me preocupa porque Blockbuster es una onda expansiva de esta mierda saturada.
Y sobretodo me preocupa la risa y la emoción del opa que te puede tocar al lado, que no para de hacer ruido con la caja de pochoclos.
Lo odio.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


