Un perro.
Una persona.
La vereda.
De enfrente.
El kiosco.
La esquina.
Un auto.
La gente.
Un pedido.
Una ayuda.
Una moneda, de onda, jefe.
El semáforo.
El rojo.
El amarillo.
Y el verde.
La senda.
El peatón.
El policia.
El momento.
El día.
La hora.
El lugar.
El silencio.
La palabra.
El tono.
La mirada.
El espanto.
El susto.
La reacción.
El grito.
Y el llanto.
El asfalto.
La sangre.
La demencia.
El trabajo.
El dinero.
La muerte.
El de arriba.
El de abajo.
20 de febrero de 2008
18 de febrero de 2008
Dialoco2
- Disculpe, ¿le puedo hacer una pregunta?
- Si.
- Gracias.
- Si.
- Gracias.
13 de febrero de 2008
Dialoco1
- Nunca nos vamos a poner de acuerdo.
- Tenés razón...
- Tenés razón...
12 de febrero de 2008
11 de febrero de 2008
Yareth, El Rico
Las arenas ya resultaban frescas dada la intensidad del Sol.
Pero el motivo de su andar por el desierto era todavía más fuerte que el astro rey.
Su sed estaba a punto de volverse locura cuando llegó a lo que parecía ser un grupo de rocas, apiladas por un capricho más humano que geológico. Entonces supo que no faltaba mucho para justificar años de conjeturas mal trazadas por sus antepasados. La segunda piedra desde el este sería el escalón, y la tercera se empuja para abrir la cuarta. Ésta se atraviesa como un tunel hasta dar con una quinta, que debe abrirse del mismo modo en que se abren los antiguos baúles bárbaros. Girando para arriba.
Ésta última parte era la que más lo había preocupado durante todos estos años, dado que no había visto jamás cosa tal como un antiguo baúl bárbaro. Pero habiendo seguido las instrucciones de aquel papiro que no se animaba a sostener como a los otros papiros, llegó a la piedra y entendió que todo iba en la forma ovalada con manijas de la tapa rocosa. Eso hacía que girar para arriba tuviera sentido. Era algo que sólo viendo aquella forma lograba entenderse.
A esta altura, ninguna de las otras opciones para llegar al cofre le parecía menos accesible que la que indicaba el papiro. Por cualquiera de los frentes de la pila de rocas se llegaba hasta allí con facilidad. Pero quizás la idea de pasar a través de una piedra antes de llegar al tan ansiado tesoro, le ponía un condimento extra a la historia que luego él se encargaría de contar. Que la humanidad se encargaría de contar. Quizás atravesar una piedra lo ponía lo suficientemente cerca de los actos que sólo cometerían un gran rey milagroso, o un cierto Dios. Quizás el hecho de pasar por una piedra era reversionado por los historiadores como la desmaterialización del cuerpo del Gran Yareth. El milagro necesario para que todo suceda. Pero lo cierto es que toda esta conjetura ocupaba poco más de medio segundo en la cabeza de aquel buscador que estaba empezando a dejar de serlo.
Girando lo que parecía ser la tapa de todas las tapas, Yareth empezó a ver como se desvanecían todas las imágenes que había designado con la imaginación para aquel objeto mágico. Por una vez en la historia de la humanidad, lo real era más bello que lo imaginado.
Lo que pasó después fue claramente producto de la intervención humana. Lo divino era el objeto mágico. Lo perfecto era lo preciso de la búsqueda y el encuentro. Pero una vez en manos del hombre, aquel objeto no hizo más que ser usado con imperfección.
Las historias que conocía Yareth dictaban que había que frotar el objeto para que un genio apareciese y concediera, en principio, tres deseos. Una vez concedidos, el genio evaluaría el placer generado por conceder estos deseos, y si gustaba de hacerlo, entonces la cantidad de deseos a conceder ya pasaba a ser un trato entre amo y genio. Ya era una cuestión de afinidad divina.
Claro que poco se sabía respecto de los placeres geniales. Por lo que la mejor opción parecía ser la eficaz y personal ejecución de los primeros tres, y recién después, si es que algo de esto sucedía, valía la pena poner toda la atención al servicio de la relación amo-genio y sus menesteres.
Yareth frotó el metal precioso con ambas manos y se hizo dueño de la palabra "expectativa".
Por desgracia para este relato, lo primero que salió de la boca del expectante Yareth fue: "Quisiera entender como funciona esto...".
En ese mismo instante la cabeza de Yareth se iluminó como nunca antes. En ese instante, no sólo entendió que tenía que expresar sus deseos en voz alta, también entendió que en eso de entender ya se le había ido un deseo. Entonces supo que los próximos dos deseos tendrían que ser la pronunciación más perfecta e inequivoca jamás hecha. No podía desperdiciar una palabra más, y acudiendo al motivo de todos los motivos sentenció: "Quiero ser rico!".
En ese momento el cuerpo de Yareth se dividió en dulce y salado. Sus brazos se volvieron los más exquisitos azúcares confitados sobre la faz de la tierra. Sus piernas estaban hechas ahora de extraordinarios bocados. Sabores que quizás conjugarían los manjares existentes y no existentes de todas las culturas.
Yareth era extremadamente rico, y en el fallo de su segundo intento su ira era tal que nublaba los cielos. Su grito en medio del desierto había hecho retroceder a más de un escorpión.
Entonces volvió a tomar el objeto, que estaba haciendo algo muy distinto a cumplir sus deseos, e hilvanó la que sería su última oración: "Quiero una gran cantidad de dinero!".
Los billetes empezaron a salir del viento y de la arena. De las rocas y del Sol. Los billetes volaban en círculo alrededor de aquel que ahora era todo alegría. De aquel que ya sentía saldado su esfuerzo y su dedicación, que sí tenían precio. Exactamente el precio que le estaba siendo pagado.
Pero Yareth y su alegría olvidaron que reír, gritar y llorar en festejos, eran atentados mortales para alguien que además de adinerado, era rico.
Entonces su piel de chocolate comenzó a derretirse, y sus salsas chorrearon, y sus cremas se batieron.
Dice este relato que Yareth murió felíz y casi sin saberlo. Será porque finalmente había tenido sus tres deseos. Porque entendió. Porque era rico. Y porque tenía todo el dinero que siempre había querido.
De Yareth en adelante, la leyenda cuenta que hay un lugar en medio del desierto, cerca de unas rocas, lleno de dinero, donde los más exquisitos manjares emanan de la tierra.
Nada se volverá a hablar jamás del objeto, ni de su uso. Ya que de alguna manera, lo que todos hubiesen deseado, se encuentra volando alrededor del rico Yareth.
Pobre esta gente que no sabe que fantasea con la tragedia de un hombre.
Pobre Yareth que en su muerte nunca se dio cuenta que a su genio, al final, le había resultado placentera su forma de desear.
Pero el motivo de su andar por el desierto era todavía más fuerte que el astro rey.
Su sed estaba a punto de volverse locura cuando llegó a lo que parecía ser un grupo de rocas, apiladas por un capricho más humano que geológico. Entonces supo que no faltaba mucho para justificar años de conjeturas mal trazadas por sus antepasados. La segunda piedra desde el este sería el escalón, y la tercera se empuja para abrir la cuarta. Ésta se atraviesa como un tunel hasta dar con una quinta, que debe abrirse del mismo modo en que se abren los antiguos baúles bárbaros. Girando para arriba.
Ésta última parte era la que más lo había preocupado durante todos estos años, dado que no había visto jamás cosa tal como un antiguo baúl bárbaro. Pero habiendo seguido las instrucciones de aquel papiro que no se animaba a sostener como a los otros papiros, llegó a la piedra y entendió que todo iba en la forma ovalada con manijas de la tapa rocosa. Eso hacía que girar para arriba tuviera sentido. Era algo que sólo viendo aquella forma lograba entenderse.
A esta altura, ninguna de las otras opciones para llegar al cofre le parecía menos accesible que la que indicaba el papiro. Por cualquiera de los frentes de la pila de rocas se llegaba hasta allí con facilidad. Pero quizás la idea de pasar a través de una piedra antes de llegar al tan ansiado tesoro, le ponía un condimento extra a la historia que luego él se encargaría de contar. Que la humanidad se encargaría de contar. Quizás atravesar una piedra lo ponía lo suficientemente cerca de los actos que sólo cometerían un gran rey milagroso, o un cierto Dios. Quizás el hecho de pasar por una piedra era reversionado por los historiadores como la desmaterialización del cuerpo del Gran Yareth. El milagro necesario para que todo suceda. Pero lo cierto es que toda esta conjetura ocupaba poco más de medio segundo en la cabeza de aquel buscador que estaba empezando a dejar de serlo.
Girando lo que parecía ser la tapa de todas las tapas, Yareth empezó a ver como se desvanecían todas las imágenes que había designado con la imaginación para aquel objeto mágico. Por una vez en la historia de la humanidad, lo real era más bello que lo imaginado.
Lo que pasó después fue claramente producto de la intervención humana. Lo divino era el objeto mágico. Lo perfecto era lo preciso de la búsqueda y el encuentro. Pero una vez en manos del hombre, aquel objeto no hizo más que ser usado con imperfección.
Las historias que conocía Yareth dictaban que había que frotar el objeto para que un genio apareciese y concediera, en principio, tres deseos. Una vez concedidos, el genio evaluaría el placer generado por conceder estos deseos, y si gustaba de hacerlo, entonces la cantidad de deseos a conceder ya pasaba a ser un trato entre amo y genio. Ya era una cuestión de afinidad divina.
Claro que poco se sabía respecto de los placeres geniales. Por lo que la mejor opción parecía ser la eficaz y personal ejecución de los primeros tres, y recién después, si es que algo de esto sucedía, valía la pena poner toda la atención al servicio de la relación amo-genio y sus menesteres.
Yareth frotó el metal precioso con ambas manos y se hizo dueño de la palabra "expectativa".
Por desgracia para este relato, lo primero que salió de la boca del expectante Yareth fue: "Quisiera entender como funciona esto...".
En ese mismo instante la cabeza de Yareth se iluminó como nunca antes. En ese instante, no sólo entendió que tenía que expresar sus deseos en voz alta, también entendió que en eso de entender ya se le había ido un deseo. Entonces supo que los próximos dos deseos tendrían que ser la pronunciación más perfecta e inequivoca jamás hecha. No podía desperdiciar una palabra más, y acudiendo al motivo de todos los motivos sentenció: "Quiero ser rico!".
En ese momento el cuerpo de Yareth se dividió en dulce y salado. Sus brazos se volvieron los más exquisitos azúcares confitados sobre la faz de la tierra. Sus piernas estaban hechas ahora de extraordinarios bocados. Sabores que quizás conjugarían los manjares existentes y no existentes de todas las culturas.
Yareth era extremadamente rico, y en el fallo de su segundo intento su ira era tal que nublaba los cielos. Su grito en medio del desierto había hecho retroceder a más de un escorpión.
Entonces volvió a tomar el objeto, que estaba haciendo algo muy distinto a cumplir sus deseos, e hilvanó la que sería su última oración: "Quiero una gran cantidad de dinero!".
Los billetes empezaron a salir del viento y de la arena. De las rocas y del Sol. Los billetes volaban en círculo alrededor de aquel que ahora era todo alegría. De aquel que ya sentía saldado su esfuerzo y su dedicación, que sí tenían precio. Exactamente el precio que le estaba siendo pagado.
Pero Yareth y su alegría olvidaron que reír, gritar y llorar en festejos, eran atentados mortales para alguien que además de adinerado, era rico.
Entonces su piel de chocolate comenzó a derretirse, y sus salsas chorrearon, y sus cremas se batieron.
Dice este relato que Yareth murió felíz y casi sin saberlo. Será porque finalmente había tenido sus tres deseos. Porque entendió. Porque era rico. Y porque tenía todo el dinero que siempre había querido.
De Yareth en adelante, la leyenda cuenta que hay un lugar en medio del desierto, cerca de unas rocas, lleno de dinero, donde los más exquisitos manjares emanan de la tierra.
Nada se volverá a hablar jamás del objeto, ni de su uso. Ya que de alguna manera, lo que todos hubiesen deseado, se encuentra volando alrededor del rico Yareth.
Pobre esta gente que no sabe que fantasea con la tragedia de un hombre.
Pobre Yareth que en su muerte nunca se dio cuenta que a su genio, al final, le había resultado placentera su forma de desear.
4 de febrero de 2008
Messenger Z

Hace un tiempo hablaba con una piba del barrio que tendrá unos 18 años. Yo repasaba la anécdota de una pelea callejera de la cual había sido testigo hacía no mucho tiempo. La comparación me fue inevitable: "uno tiró una patada que parecía Bruce Lee!", dije intentando aportar a la imaginación.
Algo pareció cortar el hilo de la conversación. Me mira y me pregunta: "Quién es Bruce Lee?".
No quiero caer en el obvio "las cosas de antes..." o "en mi época".
Brindo entonces con este dibujo por el encuentro entre generaciones y por una activa transmisión de la cultura.
Aunque sinceramente, eso que hacía Afrodita de disparar las tetas, no tiene comparación.
2 de febrero de 2008
Celulife
Enviá la palabra PICO al 2020, y recibí consejos para dar tus mejores besos.
Enviá la palabra ANIMO al 2222, y recibí los mensajes espirituales del I CHING.
Enviá la palabra ADOLESCENCIA al 1718, y recibí las mejores técnicas para masturbarte.
Enviá la palabra IDIOTA al 0000, y recibí el costo en la factura de tu cuenta telefónica.
Enviá la palabra RUTINA al 1234, y recibí el mismo mensaje, todos los días, a la misma hora.
Enviá la palabra INTRIGA al 4321, y recibí mensajes sin mensaje.
Enviá la palabra BOOMERANG al 1221, y recibila de vuelta.
Enviá la palabra SUBJETIVO al 3333, y recibí mensajes para interpretar como quieras.
Enviá la palabra ESTAFA al 0600, y no recibas ningún mensaje.
Enviá la palabra TERAPIA al 0045, y ¿qué mensaje crees que te gustaría recibir?
Enviá la palabra INDECISO al 1111. O al 1112. No, al 1212.
Enviá la palabra OPTIMISMO al 1010, y pensá que hay gente no tiene ni celular.
Enviá la palabra ESTREPTOCARBOCAFTIAZOL al 7777, y cortá con toda esta mierda.
Enviá la palabra ANIMO al 2222, y recibí los mensajes espirituales del I CHING.
Enviá la palabra ADOLESCENCIA al 1718, y recibí las mejores técnicas para masturbarte.
Enviá la palabra IDIOTA al 0000, y recibí el costo en la factura de tu cuenta telefónica.
Enviá la palabra RUTINA al 1234, y recibí el mismo mensaje, todos los días, a la misma hora.
Enviá la palabra INTRIGA al 4321, y recibí mensajes sin mensaje.
Enviá la palabra BOOMERANG al 1221, y recibila de vuelta.
Enviá la palabra SUBJETIVO al 3333, y recibí mensajes para interpretar como quieras.
Enviá la palabra ESTAFA al 0600, y no recibas ningún mensaje.
Enviá la palabra TERAPIA al 0045, y ¿qué mensaje crees que te gustaría recibir?
Enviá la palabra INDECISO al 1111. O al 1112. No, al 1212.
Enviá la palabra OPTIMISMO al 1010, y pensá que hay gente no tiene ni celular.
Enviá la palabra ESTREPTOCARBOCAFTIAZOL al 7777, y cortá con toda esta mierda.
26 de enero de 2008
Nada que tipo
Nada.
Nada es un amigo durmiendo con tu mujer.
Una mujer que es tuya también es nada.
Un número equivocado. La decoración de una Iglesia. Un portarretratos en Navidad. Nada.
El instinto maternal de una mula. Nada.
Lo blanco que pueda ser el fondo de un vaso. Nada.
Un chiste de velorio. Un velorio. Nada.
La moda, cuando pasa. Nada.
La suerte recordada. Nada.
Las noches no soñadas. Nada.
Un whisky sin penas. Un miedo sin cuco. Un gato castrado. Un sólo estornudo. Nada.
El helado de pistacho. El esfuerzo en el olvido. Y el sentido de leer un diccionario de corrido. Nada.
Un brindis de oficina. La ternura de un pekines. Un ventilador el dos de enero. Una verdad que no es. Nada.
El gusto de lo caliente. La temperatura de lo dulce. El plato decorado del hambre. Nada.
Nada. Que es lo mismo que todo. Dicen. Nada.
Nada es un amigo durmiendo con tu mujer.
Una mujer que es tuya también es nada.
Un número equivocado. La decoración de una Iglesia. Un portarretratos en Navidad. Nada.
El instinto maternal de una mula. Nada.
Lo blanco que pueda ser el fondo de un vaso. Nada.
Un chiste de velorio. Un velorio. Nada.
La moda, cuando pasa. Nada.
La suerte recordada. Nada.
Las noches no soñadas. Nada.
Un whisky sin penas. Un miedo sin cuco. Un gato castrado. Un sólo estornudo. Nada.
El helado de pistacho. El esfuerzo en el olvido. Y el sentido de leer un diccionario de corrido. Nada.
Un brindis de oficina. La ternura de un pekines. Un ventilador el dos de enero. Una verdad que no es. Nada.
El gusto de lo caliente. La temperatura de lo dulce. El plato decorado del hambre. Nada.
Nada. Que es lo mismo que todo. Dicen. Nada.
25 de enero de 2008
Sub Sistencia
- Damas y caballeros...tengan todos ustedes muy buenas tardes...y permitanme presentarles...un producto que viene para ustedes... directo de fábrica... y a un precio promocional... Estoy hablando... ni más ni menos... que de la nueva linterna eléctrica de bajo consumo... que no lleva pilas... y simplemente se enchufa en la pared...y ya se encuentra lista para ser usada...
Como verán... al no llevar pilas... es sumamente económica... y su rendimiento mucho más prolongado...
De esta manera... usted va a estar preparado... para los frecuentes cortes de luz... que van a generarse a partir de las inundaciones... causadas por el deshielo típico ... consecuencia del calentamiento global... y todo por la módica suma de $3.
- Flaco, dame una.- dice un hombre en la primer fila.
- Si, a mi deme tres joven.- interrumpe una señora que está por bajarse del colectivo.
- ¡Te compro todas por 100 mangos flaco!- grita un viejo desde el fondo.
De repente el colectivo se frena.
- Abajo todo el mundo menos el de las linternas...- dice el chofer con un arma en la mano.
Como verán... al no llevar pilas... es sumamente económica... y su rendimiento mucho más prolongado...
De esta manera... usted va a estar preparado... para los frecuentes cortes de luz... que van a generarse a partir de las inundaciones... causadas por el deshielo típico ... consecuencia del calentamiento global... y todo por la módica suma de $3.
- Flaco, dame una.- dice un hombre en la primer fila.
- Si, a mi deme tres joven.- interrumpe una señora que está por bajarse del colectivo.
- ¡Te compro todas por 100 mangos flaco!- grita un viejo desde el fondo.
De repente el colectivo se frena.
- Abajo todo el mundo menos el de las linternas...- dice el chofer con un arma en la mano.
Ángel Tinazcu
El 28 de Enero de 1999, fallecía Ángel Tinazcu. Padre de Juan Manuel Tinazcu y Eugenia Soledad Tinazcu.
En su juventud supo hacerse de una peculiar reputación, sobretodo en sus ámbitos de estudio primario y secundario.
En el Mariano Moreno de Caballito que lo vió crecer, durante su 7mo grado, fue sancionado 17 veces, asaltó la cafetería en varias oportunidades, se exibió desnudo bajo el guardapolvos en ocho recreos, dejó embarazadas a dos compañeras de curso y escribió "puto el que lee" en el pizarrón cada día del año académico.
Al cumplir 21 años ya tenía treinta y cinco hijos no reconocidos, y Juan Manuel y Eugenia Soledad en camino, aunque por diferentes madres.
Al tiempo intentó someterse a una vasectomía, pero fue inútil. Dejó embarazadas a la cirujana y a una enfermera del cuerpo médico.
Cuanto tenía 28 años, dejó su actividad bursatil en la bolsa de comercio, para ocupar un puesto fijo en el banco de esperma de la República Argentina.
Se calcula que para 1992, más de la mitad de la población inseminada artificialmente, llevaba sin saberlo el apellido Tinazcu.
A los 47 años, encuentran su cuerpo sin vida en su departamento de Hidalgo y Yerbal.
Según resultados arrojados por la autopsia, habría sido beneficiado con 2 meses en promoción de un famoso canal de películas condicionadas, y recibiendo una descarga eléctrica en su miembro tras perforar la pantalla, se concluyó que habría fallecido instantáneamente.
Ángel Edgardo Tinazcu no existía antes de estas líneas.
Pero ahora que lo hemos generado mentalmente, le deseamos en paz descanse, y a su familia, nuestro más sentido pésame.
En su juventud supo hacerse de una peculiar reputación, sobretodo en sus ámbitos de estudio primario y secundario.
En el Mariano Moreno de Caballito que lo vió crecer, durante su 7mo grado, fue sancionado 17 veces, asaltó la cafetería en varias oportunidades, se exibió desnudo bajo el guardapolvos en ocho recreos, dejó embarazadas a dos compañeras de curso y escribió "puto el que lee" en el pizarrón cada día del año académico.
Al cumplir 21 años ya tenía treinta y cinco hijos no reconocidos, y Juan Manuel y Eugenia Soledad en camino, aunque por diferentes madres.
Al tiempo intentó someterse a una vasectomía, pero fue inútil. Dejó embarazadas a la cirujana y a una enfermera del cuerpo médico.
Cuanto tenía 28 años, dejó su actividad bursatil en la bolsa de comercio, para ocupar un puesto fijo en el banco de esperma de la República Argentina.
Se calcula que para 1992, más de la mitad de la población inseminada artificialmente, llevaba sin saberlo el apellido Tinazcu.
A los 47 años, encuentran su cuerpo sin vida en su departamento de Hidalgo y Yerbal.
Según resultados arrojados por la autopsia, habría sido beneficiado con 2 meses en promoción de un famoso canal de películas condicionadas, y recibiendo una descarga eléctrica en su miembro tras perforar la pantalla, se concluyó que habría fallecido instantáneamente.
Ángel Edgardo Tinazcu no existía antes de estas líneas.
Pero ahora que lo hemos generado mentalmente, le deseamos en paz descanse, y a su familia, nuestro más sentido pésame.
24 de enero de 2008
Evolución
La evolución tal cual la conocemos, esa emblemática representación Darwiniana que va de un chimpancé a un hombre, es apenas un tramo insignificante y mal inferido de las metamorfosis que hemos padecido y padeceremos eternamente siempre. El mono es eslabón de algunas, y no todas las personas.
Esto explica que haya gente con rasgos físicos de perro, o gato, ave o topo. Por eso algunos rien como hienas y otros como chanchos.
Todas las especies evolucionamos de todas las especies. Esto sucede de acuerdo a las necesidades de cada vida, genéticamente heredada y prefigurada, una y otra vez. En esto va que cada uno sea único e irrepetible. Es porque siempre mutamos.
Porque el ave alguna vez fue pez, y el lobo alguna vez fue vaca. O no. O si. Depende, infinitamente de cada caso. De cada necesidad.
Lo cierto es que el gato que gusta de trepar, se convierte con los siglos en ardilla, y luego en mono. Así como el león, que gusta de dormir demasiado, se vuelve en mil vidas oso, y en mil más marmota.
Darwin no vio la evolución. Vio sólo un fragmento, de verdadera transformación, pero incompleta. Estrecha.
Hasta incorrecta me animaría a decir.
Al fin y al cabo, un mono que se vuelve hombre, tampoco está evolucionando mucho que digamos.
Esto explica que haya gente con rasgos físicos de perro, o gato, ave o topo. Por eso algunos rien como hienas y otros como chanchos.
Todas las especies evolucionamos de todas las especies. Esto sucede de acuerdo a las necesidades de cada vida, genéticamente heredada y prefigurada, una y otra vez. En esto va que cada uno sea único e irrepetible. Es porque siempre mutamos.
Porque el ave alguna vez fue pez, y el lobo alguna vez fue vaca. O no. O si. Depende, infinitamente de cada caso. De cada necesidad.
Lo cierto es que el gato que gusta de trepar, se convierte con los siglos en ardilla, y luego en mono. Así como el león, que gusta de dormir demasiado, se vuelve en mil vidas oso, y en mil más marmota.
Darwin no vio la evolución. Vio sólo un fragmento, de verdadera transformación, pero incompleta. Estrecha.
Hasta incorrecta me animaría a decir.
Al fin y al cabo, un mono que se vuelve hombre, tampoco está evolucionando mucho que digamos.
Verbeando palabreas
Inalcanza.
Vocableas todo el tiempo e inalcanza.
Inalcanza dejar palabreada la cosa.
Nombrada. Tenida.
Lo que instantea su existencia es palabrearlo, si.
Pero inalcanza.
Sólo nominarla es tenerla.
Pronunciarla es humanizarla.
Mirá! Un blablabla!
Todavía no la tenés.
Mirá! Un koblabla!
Dale que falta poco. Dale.
Mirá! Un koala!
He ahi una palabra. Aleluyea tus gritos.
Se tuyea el mamifero oriental.
Felicitote. Ahora verbea.
Vocableas todo el tiempo e inalcanza.
Inalcanza dejar palabreada la cosa.
Nombrada. Tenida.
Lo que instantea su existencia es palabrearlo, si.
Pero inalcanza.
Sólo nominarla es tenerla.
Pronunciarla es humanizarla.
Mirá! Un blablabla!
Todavía no la tenés.
Mirá! Un koblabla!
Dale que falta poco. Dale.
Mirá! Un koala!
He ahi una palabra. Aleluyea tus gritos.
Se tuyea el mamifero oriental.
Felicitote. Ahora verbea.
Accidentes
Hubo un accidente en la esquina de Fitz Roy y Santa Fe.
Hay un hombre en la vereda de enfrente que no cree que haya sido un accidente.
Hay una mujer al lado de ese hombre que nunca más cruzará Fitz Roy.
Hay un adolescente un poco más acá que cree tener la mejor anecdota del día, y contará este accidente diez veces de hoy a mañana, ajustando detalles cada vez que lo haga.
Hay una señora a mi lado que grita: Ambulancia! Ambulancia! Policía! Llamen al canal de las noticias! Ambulancia!
El que atropelló a quien se encuentra en el piso, se toma el mentón alargando con la imaginación los segundos que duró el amarillo del semáforo.
Una niña en la esquina hoy no dormirá. Y su madre le dirá que eso le pasa a la gente que se porta mal.
A un señor entre mayor y anciano que se encuentra parado bajando el cordón, le resulta imposible sacar los ojos del escote de la mujer que intenta brindar primeros auxilios.
Hubo un accidente en la esquina de Fitz Roy y Santa Fe. Pero la verdad es que hubo tantos accidentes como gente se acerque al lugar.
Hay un hombre en la vereda de enfrente que no cree que haya sido un accidente.
Hay una mujer al lado de ese hombre que nunca más cruzará Fitz Roy.
Hay un adolescente un poco más acá que cree tener la mejor anecdota del día, y contará este accidente diez veces de hoy a mañana, ajustando detalles cada vez que lo haga.
Hay una señora a mi lado que grita: Ambulancia! Ambulancia! Policía! Llamen al canal de las noticias! Ambulancia!
El que atropelló a quien se encuentra en el piso, se toma el mentón alargando con la imaginación los segundos que duró el amarillo del semáforo.
Una niña en la esquina hoy no dormirá. Y su madre le dirá que eso le pasa a la gente que se porta mal.
A un señor entre mayor y anciano que se encuentra parado bajando el cordón, le resulta imposible sacar los ojos del escote de la mujer que intenta brindar primeros auxilios.
Hubo un accidente en la esquina de Fitz Roy y Santa Fe. Pero la verdad es que hubo tantos accidentes como gente se acerque al lugar.
Chiste
Ayer pasé por tu casa y me tiraste un cartel de Stop.
Es una señal...
Es una señal...
No descartes
Pienso, luego existo.
Luego desayuno, luego pienso, luego existo.
Luego leo algunas noticias, que otros piensan, y otros existen. Luego pienso. Luego existo.
Luego compro, luego vendo, luego controlo que entre y salga, luego firmo, luego pienso, luego existo.
Luego vuelvo, luego como. Luego enciendo la tv y miro un canal, dos canales, tres canales, y no pienso. Pero existo.
Luego eructo, me levanto, me cepillo, y me acuesto. Luego leo.
Luego apago la luz, luego bostezo, y luego pienso tanto en la oscuridad, que antes de volver a existir me quedo profundamente dormido.
Luego desayuno, luego pienso, luego existo.
Luego leo algunas noticias, que otros piensan, y otros existen. Luego pienso. Luego existo.
Luego compro, luego vendo, luego controlo que entre y salga, luego firmo, luego pienso, luego existo.
Luego vuelvo, luego como. Luego enciendo la tv y miro un canal, dos canales, tres canales, y no pienso. Pero existo.
Luego eructo, me levanto, me cepillo, y me acuesto. Luego leo.
Luego apago la luz, luego bostezo, y luego pienso tanto en la oscuridad, que antes de volver a existir me quedo profundamente dormido.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
