29 de abril de 2008
22 de abril de 2008
Luca Vive (en el sexto piso)
Miranda estaba tomando su clase de yoga cuando llegué al departamento de Hidalgo y Yerbal. Después de estar un rato parado en la ventana, al tiempo que tomaba unos amargos, la luz no faltaba, pero la chispa si. Entonces prendí una vela paraguaya, en una pipa argentina, con un encendedor taiwanés. Era un sábado a la tarde con resabios de viernes, un viernes que había sido con resabios de jueves, de un jueves con resabios de miércoles, de un miércoles con resabios de martes, un martes con resabios de lunes.
Entonces me dispuse a salir, para ver si con la gente amontonada en José María Moreno y Rivadavia las fichas se acomodaban.
Estaba en el piso 8vo, y para salir necesitaba de ese aparejo lleno de botones que sube y baja a la gente. Algo que para mi debería llamarse ascensor y descensor. Pero sea cual fuere su nombre, ningun nombre le correspondía si no funcionaba, si no cumplía con el fin para el cual había sido construído. Y eso era exactamente lo que pasaba. El ascensor no ascendía ni descendía. El ascensor no funcionaba.
Entonces opté por el medio fiel y alternativo de la escalera, y comencé el descenso. Pasé por el piso 7mo casi sin mirar, y las voces con eco de pasillo que venían de más abajo comenzaban a sentirse más y más cerca con cada escalón. En el descanso de la escalera que unía el 6to con el 5to, identifiqué la fuente de los lamentos que venía escuchando desde hacía dos escaleras. Era una pareja de ancianos, ella en bata, él en pijamas, ambos ancianos, ambos quejosos, ambos indignados, porque no encontraban ni fidelidad ni nada en la escalera. Cada movimiento era una gota de conciencia para un cuerpo que ya no la necesitaba. Una molestia, un sin fin de escalones, una tortura espiralada. Entonces pienso que no hay médico ni remedio para esos estados de ánimo, pero si pensaba rápido y práctico quizás si, podía decir algo optimista. Uno de esos “hay cosas peores” que placeban superficialmente las cosas.
Entonces me doy vuelta, ya habiéndolos pasado, como el conejo pasa a la tortuga, y les digo: menos mal que es en bajada, peor sería estar subiendo...
Él levanta la vista, y con la boca semiabierta me mira, toma aire, y cuando creí que iba a escuchar otra queja sorda y desconsolada, me dice con voz fuerte y bien entonada: Juventud! Divino... tesoro...
Tardé en darme vuelta. Llegué a planta baja, a la calle, a José María Moreno. Estaba repleto de gente, pero eso ya no importaba. Ese día deambulé por la calle durante horas, y sin embargo, no encontré forma alguna de bajar del 6to piso.
Entonces me dispuse a salir, para ver si con la gente amontonada en José María Moreno y Rivadavia las fichas se acomodaban.
Estaba en el piso 8vo, y para salir necesitaba de ese aparejo lleno de botones que sube y baja a la gente. Algo que para mi debería llamarse ascensor y descensor. Pero sea cual fuere su nombre, ningun nombre le correspondía si no funcionaba, si no cumplía con el fin para el cual había sido construído. Y eso era exactamente lo que pasaba. El ascensor no ascendía ni descendía. El ascensor no funcionaba.
Entonces opté por el medio fiel y alternativo de la escalera, y comencé el descenso. Pasé por el piso 7mo casi sin mirar, y las voces con eco de pasillo que venían de más abajo comenzaban a sentirse más y más cerca con cada escalón. En el descanso de la escalera que unía el 6to con el 5to, identifiqué la fuente de los lamentos que venía escuchando desde hacía dos escaleras. Era una pareja de ancianos, ella en bata, él en pijamas, ambos ancianos, ambos quejosos, ambos indignados, porque no encontraban ni fidelidad ni nada en la escalera. Cada movimiento era una gota de conciencia para un cuerpo que ya no la necesitaba. Una molestia, un sin fin de escalones, una tortura espiralada. Entonces pienso que no hay médico ni remedio para esos estados de ánimo, pero si pensaba rápido y práctico quizás si, podía decir algo optimista. Uno de esos “hay cosas peores” que placeban superficialmente las cosas.
Entonces me doy vuelta, ya habiéndolos pasado, como el conejo pasa a la tortuga, y les digo: menos mal que es en bajada, peor sería estar subiendo...
Él levanta la vista, y con la boca semiabierta me mira, toma aire, y cuando creí que iba a escuchar otra queja sorda y desconsolada, me dice con voz fuerte y bien entonada: Juventud! Divino... tesoro...
Tardé en darme vuelta. Llegué a planta baja, a la calle, a José María Moreno. Estaba repleto de gente, pero eso ya no importaba. Ese día deambulé por la calle durante horas, y sin embargo, no encontré forma alguna de bajar del 6to piso.
15 de abril de 2008
De importans of saund
If iu dont spik Inglish, iu wil bi spiking it widaut íven rialaising.
On di oder jand, if iu du spik Inglish, iu wil bi anderstanding, widaut riding it.
Güords jav de sin of biing important for wining several batls agenst taim. Bat lisen tu wat aim seing tu iu widaut riding it, bicos aim not wraiting it.
Its de saund dat oupens de geits tu anderstending. Güords ar de cónsecuens. E preset simbol sistem of mutual anderstanding. E comon set ap. Bat güords ar not as important as leters. And de leter dat dasnt riprisent e saund, saséptibl of biing anderstúd, is not important.
Iu kant wrait enizing dat dasnt jav e saund.
Nazing dat dasnt riprisent e saund kan bi red.
Evri saund dat can bi anderstúd, is e güord.
On di oder jand, if iu du spik Inglish, iu wil bi anderstanding, widaut riding it.
Güords jav de sin of biing important for wining several batls agenst taim. Bat lisen tu wat aim seing tu iu widaut riding it, bicos aim not wraiting it.
Its de saund dat oupens de geits tu anderstending. Güords ar de cónsecuens. E preset simbol sistem of mutual anderstanding. E comon set ap. Bat güords ar not as important as leters. And de leter dat dasnt riprisent e saund, saséptibl of biing anderstúd, is not important.
Iu kant wrait enizing dat dasnt jav e saund.
Nazing dat dasnt riprisent e saund kan bi red.
Evri saund dat can bi anderstúd, is e güord.
4 de abril de 2008
Va a haber una vez
Gonzalo va a nacer el 12 de agosto de dentro de diez años. Desde sus primeros días será una persona de fuerte tempreramento, equilibrado y más adelante oportunamente amparador.
Gonzalo se convertirá en un hombre de bien, y conocerá, como suele suceder en estos casos, a una mujer que lo merezca.
Patricia será una madre de esas que desdibujan los roles constantemente, estableciendo lazos de hija con su pareja, de pareja con su padre, de hermana con sus hijos, etc, etc, etc. Aunque eso no quitará su debienez.
De este matrimonio nacerá Felipe. Un niño con una gran capacidad para el juego, la inventiva y el arte de la astucia como forma elaborada de inteligencia de aplicación práctica.
Esta natural disposición a la resolución espontánea de problemas cotidianos lo hará triunfar en el mundo laboral. Pero eso será quizás parte de otra historia y no viene al caso.
Lo realmente importante, sorprendente, llamativo y curioso de esta historia, sucederá poco después de que Felipe cumpla los 7 años. Día en el que recibirá por regalo a Chungo, un hermoso ovejero belga, de caracter dócil, solemne y juguetón.
Chungo y Felipe serán inmediatamente grandes compañeros.
A mediados de enero de ese mismo año, Felipe y Chungo irán de veraneo a la costa, y cruzando la avenida que separa la casa que alquilarán del mar, Chungo será atropellado y luego pisado por un bus lleno de monjitas cantando “Señor de Galilea” con tanto ahínco, que nadie, ni el chofer ni las devotas, notará el ladrido o el crujido de los huesos de Chungo entre la goma y el asfalto.
En ese momento, el grito de Felipe hará que Gonzalo corra con toda velocidad hacia su hijo, para levantarlo en brazos y apoyando la desconsolada cabecita en sus hombros, le susurrará al oído:
- Tranquilo hijo. No llores. Nada de esto ha pasado todavía. Iremos de vacaciones a otro lugar, o pondremos a Chungo una correa para que nunca cruce la avenida.
Así Felipe dejó de llorar, sonrió, y vivieron, cuando pasó esto y no lo otro, felices para siempre.
Gonzalo se convertirá en un hombre de bien, y conocerá, como suele suceder en estos casos, a una mujer que lo merezca.
Patricia será una madre de esas que desdibujan los roles constantemente, estableciendo lazos de hija con su pareja, de pareja con su padre, de hermana con sus hijos, etc, etc, etc. Aunque eso no quitará su debienez.
De este matrimonio nacerá Felipe. Un niño con una gran capacidad para el juego, la inventiva y el arte de la astucia como forma elaborada de inteligencia de aplicación práctica.
Esta natural disposición a la resolución espontánea de problemas cotidianos lo hará triunfar en el mundo laboral. Pero eso será quizás parte de otra historia y no viene al caso.
Lo realmente importante, sorprendente, llamativo y curioso de esta historia, sucederá poco después de que Felipe cumpla los 7 años. Día en el que recibirá por regalo a Chungo, un hermoso ovejero belga, de caracter dócil, solemne y juguetón.
Chungo y Felipe serán inmediatamente grandes compañeros.
A mediados de enero de ese mismo año, Felipe y Chungo irán de veraneo a la costa, y cruzando la avenida que separa la casa que alquilarán del mar, Chungo será atropellado y luego pisado por un bus lleno de monjitas cantando “Señor de Galilea” con tanto ahínco, que nadie, ni el chofer ni las devotas, notará el ladrido o el crujido de los huesos de Chungo entre la goma y el asfalto.
En ese momento, el grito de Felipe hará que Gonzalo corra con toda velocidad hacia su hijo, para levantarlo en brazos y apoyando la desconsolada cabecita en sus hombros, le susurrará al oído:
- Tranquilo hijo. No llores. Nada de esto ha pasado todavía. Iremos de vacaciones a otro lugar, o pondremos a Chungo una correa para que nunca cruce la avenida.
Así Felipe dejó de llorar, sonrió, y vivieron, cuando pasó esto y no lo otro, felices para siempre.
3 de abril de 2008
Someconoc ol lauc lat odnum le
Estaba el hombre en su ciudad. Estaban los hombres en sus ciudades. Estaban las calles, los nombres de las calles, la huella de los hombres de los nombres de las calles, y los hombres comunes también estaban.
Los sistemas político, económico y religiosos eran el producto irrefutable de un ensayo-error que llevaba siglos perfeccionandose.
La gente tenía su trabajo, su casa, y sus familias o amigos. Los más afortunados, tenían terapeuta y una carrera de grado.
Provenientes de tierras lejanas, en el año 2042 arriban a las costas de América tres barcas al mando del cacique Crostibolur Culum, que tenía por fin restaurar las tierras del eterno origen, donde sus antepasados habían forjado los lazos más nobles de convivencia con la naturaleza. Otra fuerza que motivaba la expedición era la demosración empírica de una teoría que sostenía que el ciclo del tiempo era circular, y no lineal como se creía en otras culturas.
La reconquista se dio desde la costa, hacia el centro, norte y sur del continente. Los reconquistadores emprendieron así, una cruel matanza del hombre civilizado, imponiendo un replanteo del credo y las costumbres, que derivó en una alteración demográfica y cultural con antecedentes.
Reinó así la inferiorización y el desconocimiento de la naturaleza humana de los pueblos habitantes al ser reducidos a la categoría de "encomendados", sometidos y desconocidos como seres humanos con derechos.
Así el hombre de traje fue muerto o, con suerte no mucho mejor, obligado a trabajar bajo una relación de respeto y sumisión a las órdenes de la naturaleza hasta desfallecer, alejado injustamente de sus tv’s de plasma, controles remotos, vidrieras y ordenadores.
Las mujeres con ropa de Rapsodia y Akiabara fueron violadas y después muertas.
Los edificios y shoppings fueron derrumbados sin clemencia, y en su lugar se instalaron montes y animales. Los sueños y las construcciones de los que habían ocupado estas tierras fueron devastados a cada paso de la reconquista.
Un brujo y su séquito arribaron a las tierras avanzado el reestablecimiento, para dar la posibilidad a hombres y mujeres de desbautizarse, prometiendo en su lugar la protección y atención a la madre tierra. De esta manera la muerte tenía una opción de no ser. Había que adorar lo que los reconquistadores. De lo contrario, se moría.
El golpe más duro del que se tiene registro en el territorio nacional, fue lo que se conoció como La Conquista del Microcentro, durante el mandato del Gu principal de la época Jun Manul de las Rosas.
Al día de hoy, los civilizados se encuentran en grupos reducidos y dispersos. Algunos aun demandando la reconstrucción de peatonales y zonas de WiFi, otros resignados se dedican a practicar sus antiguas costumbres como patrimonio innegable a la libertad del individuo, tarareando canciones de U2 o debatiendo las añoradas temporadas de Lost.
La lucha de estas minorías es apoyada por organismos no madreterrenales, aunque en general se considera una lucha perdida, un testimonio poco interesante de una cultura que ya no tiene lugar ni razón de ser.
Los sistemas político, económico y religiosos eran el producto irrefutable de un ensayo-error que llevaba siglos perfeccionandose.
La gente tenía su trabajo, su casa, y sus familias o amigos. Los más afortunados, tenían terapeuta y una carrera de grado.
Provenientes de tierras lejanas, en el año 2042 arriban a las costas de América tres barcas al mando del cacique Crostibolur Culum, que tenía por fin restaurar las tierras del eterno origen, donde sus antepasados habían forjado los lazos más nobles de convivencia con la naturaleza. Otra fuerza que motivaba la expedición era la demosración empírica de una teoría que sostenía que el ciclo del tiempo era circular, y no lineal como se creía en otras culturas.
La reconquista se dio desde la costa, hacia el centro, norte y sur del continente. Los reconquistadores emprendieron así, una cruel matanza del hombre civilizado, imponiendo un replanteo del credo y las costumbres, que derivó en una alteración demográfica y cultural con antecedentes.
Reinó así la inferiorización y el desconocimiento de la naturaleza humana de los pueblos habitantes al ser reducidos a la categoría de "encomendados", sometidos y desconocidos como seres humanos con derechos.
Así el hombre de traje fue muerto o, con suerte no mucho mejor, obligado a trabajar bajo una relación de respeto y sumisión a las órdenes de la naturaleza hasta desfallecer, alejado injustamente de sus tv’s de plasma, controles remotos, vidrieras y ordenadores.
Las mujeres con ropa de Rapsodia y Akiabara fueron violadas y después muertas.
Los edificios y shoppings fueron derrumbados sin clemencia, y en su lugar se instalaron montes y animales. Los sueños y las construcciones de los que habían ocupado estas tierras fueron devastados a cada paso de la reconquista.
Un brujo y su séquito arribaron a las tierras avanzado el reestablecimiento, para dar la posibilidad a hombres y mujeres de desbautizarse, prometiendo en su lugar la protección y atención a la madre tierra. De esta manera la muerte tenía una opción de no ser. Había que adorar lo que los reconquistadores. De lo contrario, se moría.
El golpe más duro del que se tiene registro en el territorio nacional, fue lo que se conoció como La Conquista del Microcentro, durante el mandato del Gu principal de la época Jun Manul de las Rosas.
Al día de hoy, los civilizados se encuentran en grupos reducidos y dispersos. Algunos aun demandando la reconstrucción de peatonales y zonas de WiFi, otros resignados se dedican a practicar sus antiguas costumbres como patrimonio innegable a la libertad del individuo, tarareando canciones de U2 o debatiendo las añoradas temporadas de Lost.
La lucha de estas minorías es apoyada por organismos no madreterrenales, aunque en general se considera una lucha perdida, un testimonio poco interesante de una cultura que ya no tiene lugar ni razón de ser.
31 de marzo de 2008
Diáloco 5
- Papá, ¿qué es la relatividad?
- Depende...
- Depende...
Julio
Julio escribe en una hoja.
Luego la borra, y la vuelve a usar.
No deja pasar ningún pensamiento,
sin darle palabra con la que expresar.
Pero luego comete su propia matanza.
Su propia barbarie, su nulo existir.
Quizás quiera ser borrador erudito,
y a sus fines absurdos necesita escribir.
Tal vez así logre, ganarle al pasado.
Ser siempre presente. Anacronizar.
Julio el descartable, en las bibliotecas,
es libros que nunca nadie pedirá.
Sin embargo su hoja, la eterna, la misma,
aunque sin palabras supo cobijar,
ni oraciones bimembres, ni puntos, ni comas,
más si aquellas marcas del tiempo al pasar.
Marcas imborrables como un sentimiento.
Marcas que no saben el tiempo callar.
Julio está encerrado en un sentimiento.
Por eso es que borra, no puede escapar.
Julio nunca escribe. Rellena las marcas.
Julio acaso es preso de su libertad.
Luego la borra, y la vuelve a usar.
No deja pasar ningún pensamiento,
sin darle palabra con la que expresar.
Pero luego comete su propia matanza.
Su propia barbarie, su nulo existir.
Quizás quiera ser borrador erudito,
y a sus fines absurdos necesita escribir.
Tal vez así logre, ganarle al pasado.
Ser siempre presente. Anacronizar.
Julio el descartable, en las bibliotecas,
es libros que nunca nadie pedirá.
Sin embargo su hoja, la eterna, la misma,
aunque sin palabras supo cobijar,
ni oraciones bimembres, ni puntos, ni comas,
más si aquellas marcas del tiempo al pasar.
Marcas imborrables como un sentimiento.
Marcas que no saben el tiempo callar.
Julio está encerrado en un sentimiento.
Por eso es que borra, no puede escapar.
Julio nunca escribe. Rellena las marcas.
Julio acaso es preso de su libertad.
24 de marzo de 2008
Diáloco (extended version)
Suena el teléfono. Carmen deja la ropa y se acerca.
Mira por la ventana sin atender.
Atiende.
Carmen:- Hola?
Voz:- Si, quería hablar con Nestor por favor.
Carmen:- Disculpe, no le entiendo.
Voz:- Que quería, por favor, hablar con Nestor.
Carmen:- Si, lo que quería lo entiendo perfectamente. Lo que no entiendo es lo que quiere.
Voz:- Perdón, ¿quién habla?
Carmen:- Hasta ahi, usted. Ahora yo...
(se produce un silencio)
Carmen:- Ahora nadie. Ahora yo de nuevo...
Voz:- No entiendo nada... Hagamos una cosa. ¿Le puede avisar a Nestor que llamó Hernán?
Carmen:- Si, como no. (alejándose del teléfono) Nestor, llamó Hernan.
Hernán:- Pero cómo! ¿Está ahi Nestor? ¿Porqué no me avisó?
Carmen:- Pero usted no se decide señor. ¿Le aviso a Nestor que llamó Hernán? ¿O le aviso a Hernán que llegó Nestor? ¿Qué es lo que quiere? ¿Volverme loca?
(Abrupto)
Nestor:- ¡Hola!...¿¿Quién habla??
Hernán;- Hasta ahi, usted. Ahora yo...
(se produce un silencio)
Hernán:- Ahora nadie. Ahora yo de nuevo...
Mira por la ventana sin atender.
Atiende.
Carmen:- Hola?
Voz:- Si, quería hablar con Nestor por favor.
Carmen:- Disculpe, no le entiendo.
Voz:- Que quería, por favor, hablar con Nestor.
Carmen:- Si, lo que quería lo entiendo perfectamente. Lo que no entiendo es lo que quiere.
Voz:- Perdón, ¿quién habla?
Carmen:- Hasta ahi, usted. Ahora yo...
(se produce un silencio)
Carmen:- Ahora nadie. Ahora yo de nuevo...
Voz:- No entiendo nada... Hagamos una cosa. ¿Le puede avisar a Nestor que llamó Hernán?
Carmen:- Si, como no. (alejándose del teléfono) Nestor, llamó Hernan.
Hernán:- Pero cómo! ¿Está ahi Nestor? ¿Porqué no me avisó?
Carmen:- Pero usted no se decide señor. ¿Le aviso a Nestor que llamó Hernán? ¿O le aviso a Hernán que llegó Nestor? ¿Qué es lo que quiere? ¿Volverme loca?
(Abrupto)
Nestor:- ¡Hola!...¿¿Quién habla??
Hernán;- Hasta ahi, usted. Ahora yo...
(se produce un silencio)
Hernán:- Ahora nadie. Ahora yo de nuevo...
6 de marzo de 2008
Dialoco 4
- A veces el silencio es la mejor respuesta.
- ....
- ....
Dialoco 3
- A veces el silencio es la mejor respuesta.
- Si, es verdad che. Cuánta razón que tenés. Hay mucha gente que conozco que no se da cuenta que es mejor quedarse callado porque no están diciendo nada que aporte a lo anterior. A veces es mejor quedarse callado y no decir nada. Jaja! Cuánta razón.
- Si, es verdad che. Cuánta razón que tenés. Hay mucha gente que conozco que no se da cuenta que es mejor quedarse callado porque no están diciendo nada que aporte a lo anterior. A veces es mejor quedarse callado y no decir nada. Jaja! Cuánta razón.
5 de marzo de 2008
Fílmala de nuevo, Sam (o manifiesto de odio)
¿Me parece a mi o en los últimos cambios de cartelera ya van 5 películas donde el mundo se termina, y la estatua de la libertad se hunde, se rompe o explota?
Desde el vamos, la disposición de contenido cinematográfico en Argentina deja bastante que desear. Casi el 80% de las salas son Norteamericanas, y las películas que se proyectan son en el mismo porcentaje estadounidenses. ¿Esto quiere decir que yo todos los meses voy a tener a Willie Smith pegandole a un bicho distinto, diciendo grandiosas frases y salvando al mundo? Por favor, no.
Me parece bien el convenio por el cual de cada 10 películas, por lo menos una o dos, ¿tres cómo mucho? son argentinas. De hecho hasta me parece que podrían ser más.
Es verdad que el cine europeo a veces tiene ritmos que los americanos del sur no tenemos.
Esas escenas de cinco minutos de silencio donde no sabés si la película es así o dejaron la cámara prendida sin querer. Pero vamos, que un poquito de mezcla le da más gusto.
De cualquier forma, esto sigue siendo un manifiesto de odio, así que volviendo a Hoytts, Cinemark y el empacho que me causa el mundo pochoclero, quiero decir:
Odio los discursos antes de apretar el gatillo. El crimen es viceral, no mental.
Odio cuando son 10 contra 1 y se acercan de a uno para pegarle al héroe.
Odio que corten el cable correcto de la bomba cuando el reloj marca 00:00:02.
Odio al personaje oscuro, raro y loquito que te ponen siempre para que pienses toda la película que es el asesino, y que al final sea el mejor amigo.
Odio al policía que después de seis explosiones, tortura psicológica, cuatro balazos y una caída desde el 4to piso, aparece al final con nada más que un puto brazo enyesado, recibiendo una medalla, cuando debería haber perdido cinco dientes, la movilidad de una pierna, las ganas de vivir y por lo menos un ojo.
Odio que Ben Stiller haga Jumanji en un museo.
Odio que le puedas decir "siga ese coche!" a un tachero y el chabón active al toque como si fuera el primo de Alan Pros.
Odio las comedias románticas, y esas discusiones de "somos tan distintos que nos amamos".
Odio que las tribus salvajes de la jungla siempre entienden al rubio que les dice "just wanna talk. we friends".
Odio la gente que baja al sótano con la luz apagada cuando escucha ruidos con los que nadie, por más conchudo que seas, se animaría a bajar.
Odio los autos que no arrancan de primera cuando viene el asesino.
Odio que Morgan Freeman nunca pierda la calma.
Odio que 300 sea el slow motion de Gladiador, con una pizca de Narnia, Sin City y El Señor de los Anillos.
Odio, y me preocupa.
Me preocupa porque son siempre las mismas películas.
Me preocupa porque Blockbuster es una onda expansiva de esta mierda saturada.
Y sobretodo me preocupa la risa y la emoción del opa que te puede tocar al lado, que no para de hacer ruido con la caja de pochoclos.
Lo odio.
Desde el vamos, la disposición de contenido cinematográfico en Argentina deja bastante que desear. Casi el 80% de las salas son Norteamericanas, y las películas que se proyectan son en el mismo porcentaje estadounidenses. ¿Esto quiere decir que yo todos los meses voy a tener a Willie Smith pegandole a un bicho distinto, diciendo grandiosas frases y salvando al mundo? Por favor, no.
Me parece bien el convenio por el cual de cada 10 películas, por lo menos una o dos, ¿tres cómo mucho? son argentinas. De hecho hasta me parece que podrían ser más.
Es verdad que el cine europeo a veces tiene ritmos que los americanos del sur no tenemos.
Esas escenas de cinco minutos de silencio donde no sabés si la película es así o dejaron la cámara prendida sin querer. Pero vamos, que un poquito de mezcla le da más gusto.
De cualquier forma, esto sigue siendo un manifiesto de odio, así que volviendo a Hoytts, Cinemark y el empacho que me causa el mundo pochoclero, quiero decir:
Odio los discursos antes de apretar el gatillo. El crimen es viceral, no mental.
Odio cuando son 10 contra 1 y se acercan de a uno para pegarle al héroe.
Odio que corten el cable correcto de la bomba cuando el reloj marca 00:00:02.
Odio al personaje oscuro, raro y loquito que te ponen siempre para que pienses toda la película que es el asesino, y que al final sea el mejor amigo.
Odio al policía que después de seis explosiones, tortura psicológica, cuatro balazos y una caída desde el 4to piso, aparece al final con nada más que un puto brazo enyesado, recibiendo una medalla, cuando debería haber perdido cinco dientes, la movilidad de una pierna, las ganas de vivir y por lo menos un ojo.
Odio que Ben Stiller haga Jumanji en un museo.
Odio que le puedas decir "siga ese coche!" a un tachero y el chabón active al toque como si fuera el primo de Alan Pros.
Odio las comedias románticas, y esas discusiones de "somos tan distintos que nos amamos".
Odio que las tribus salvajes de la jungla siempre entienden al rubio que les dice "just wanna talk. we friends".
Odio la gente que baja al sótano con la luz apagada cuando escucha ruidos con los que nadie, por más conchudo que seas, se animaría a bajar.
Odio los autos que no arrancan de primera cuando viene el asesino.
Odio que Morgan Freeman nunca pierda la calma.
Odio que 300 sea el slow motion de Gladiador, con una pizca de Narnia, Sin City y El Señor de los Anillos.
Odio, y me preocupa.
Me preocupa porque son siempre las mismas películas.
Me preocupa porque Blockbuster es una onda expansiva de esta mierda saturada.
Y sobretodo me preocupa la risa y la emoción del opa que te puede tocar al lado, que no para de hacer ruido con la caja de pochoclos.
Lo odio.
20 de febrero de 2008
Qué sin cómo.
Un perro.
Una persona.
La vereda.
De enfrente.
El kiosco.
La esquina.
Un auto.
La gente.
Un pedido.
Una ayuda.
Una moneda, de onda, jefe.
El semáforo.
El rojo.
El amarillo.
Y el verde.
La senda.
El peatón.
El policia.
El momento.
El día.
La hora.
El lugar.
El silencio.
La palabra.
El tono.
La mirada.
El espanto.
El susto.
La reacción.
El grito.
Y el llanto.
El asfalto.
La sangre.
La demencia.
El trabajo.
El dinero.
La muerte.
El de arriba.
El de abajo.
Una persona.
La vereda.
De enfrente.
El kiosco.
La esquina.
Un auto.
La gente.
Un pedido.
Una ayuda.
Una moneda, de onda, jefe.
El semáforo.
El rojo.
El amarillo.
Y el verde.
La senda.
El peatón.
El policia.
El momento.
El día.
La hora.
El lugar.
El silencio.
La palabra.
El tono.
La mirada.
El espanto.
El susto.
La reacción.
El grito.
Y el llanto.
El asfalto.
La sangre.
La demencia.
El trabajo.
El dinero.
La muerte.
El de arriba.
El de abajo.
18 de febrero de 2008
Dialoco2
- Disculpe, ¿le puedo hacer una pregunta?
- Si.
- Gracias.
- Si.
- Gracias.
13 de febrero de 2008
Dialoco1
- Nunca nos vamos a poner de acuerdo.
- Tenés razón...
- Tenés razón...
12 de febrero de 2008
11 de febrero de 2008
Yareth, El Rico
Las arenas ya resultaban frescas dada la intensidad del Sol.
Pero el motivo de su andar por el desierto era todavía más fuerte que el astro rey.
Su sed estaba a punto de volverse locura cuando llegó a lo que parecía ser un grupo de rocas, apiladas por un capricho más humano que geológico. Entonces supo que no faltaba mucho para justificar años de conjeturas mal trazadas por sus antepasados. La segunda piedra desde el este sería el escalón, y la tercera se empuja para abrir la cuarta. Ésta se atraviesa como un tunel hasta dar con una quinta, que debe abrirse del mismo modo en que se abren los antiguos baúles bárbaros. Girando para arriba.
Ésta última parte era la que más lo había preocupado durante todos estos años, dado que no había visto jamás cosa tal como un antiguo baúl bárbaro. Pero habiendo seguido las instrucciones de aquel papiro que no se animaba a sostener como a los otros papiros, llegó a la piedra y entendió que todo iba en la forma ovalada con manijas de la tapa rocosa. Eso hacía que girar para arriba tuviera sentido. Era algo que sólo viendo aquella forma lograba entenderse.
A esta altura, ninguna de las otras opciones para llegar al cofre le parecía menos accesible que la que indicaba el papiro. Por cualquiera de los frentes de la pila de rocas se llegaba hasta allí con facilidad. Pero quizás la idea de pasar a través de una piedra antes de llegar al tan ansiado tesoro, le ponía un condimento extra a la historia que luego él se encargaría de contar. Que la humanidad se encargaría de contar. Quizás atravesar una piedra lo ponía lo suficientemente cerca de los actos que sólo cometerían un gran rey milagroso, o un cierto Dios. Quizás el hecho de pasar por una piedra era reversionado por los historiadores como la desmaterialización del cuerpo del Gran Yareth. El milagro necesario para que todo suceda. Pero lo cierto es que toda esta conjetura ocupaba poco más de medio segundo en la cabeza de aquel buscador que estaba empezando a dejar de serlo.
Girando lo que parecía ser la tapa de todas las tapas, Yareth empezó a ver como se desvanecían todas las imágenes que había designado con la imaginación para aquel objeto mágico. Por una vez en la historia de la humanidad, lo real era más bello que lo imaginado.
Lo que pasó después fue claramente producto de la intervención humana. Lo divino era el objeto mágico. Lo perfecto era lo preciso de la búsqueda y el encuentro. Pero una vez en manos del hombre, aquel objeto no hizo más que ser usado con imperfección.
Las historias que conocía Yareth dictaban que había que frotar el objeto para que un genio apareciese y concediera, en principio, tres deseos. Una vez concedidos, el genio evaluaría el placer generado por conceder estos deseos, y si gustaba de hacerlo, entonces la cantidad de deseos a conceder ya pasaba a ser un trato entre amo y genio. Ya era una cuestión de afinidad divina.
Claro que poco se sabía respecto de los placeres geniales. Por lo que la mejor opción parecía ser la eficaz y personal ejecución de los primeros tres, y recién después, si es que algo de esto sucedía, valía la pena poner toda la atención al servicio de la relación amo-genio y sus menesteres.
Yareth frotó el metal precioso con ambas manos y se hizo dueño de la palabra "expectativa".
Por desgracia para este relato, lo primero que salió de la boca del expectante Yareth fue: "Quisiera entender como funciona esto...".
En ese mismo instante la cabeza de Yareth se iluminó como nunca antes. En ese instante, no sólo entendió que tenía que expresar sus deseos en voz alta, también entendió que en eso de entender ya se le había ido un deseo. Entonces supo que los próximos dos deseos tendrían que ser la pronunciación más perfecta e inequivoca jamás hecha. No podía desperdiciar una palabra más, y acudiendo al motivo de todos los motivos sentenció: "Quiero ser rico!".
En ese momento el cuerpo de Yareth se dividió en dulce y salado. Sus brazos se volvieron los más exquisitos azúcares confitados sobre la faz de la tierra. Sus piernas estaban hechas ahora de extraordinarios bocados. Sabores que quizás conjugarían los manjares existentes y no existentes de todas las culturas.
Yareth era extremadamente rico, y en el fallo de su segundo intento su ira era tal que nublaba los cielos. Su grito en medio del desierto había hecho retroceder a más de un escorpión.
Entonces volvió a tomar el objeto, que estaba haciendo algo muy distinto a cumplir sus deseos, e hilvanó la que sería su última oración: "Quiero una gran cantidad de dinero!".
Los billetes empezaron a salir del viento y de la arena. De las rocas y del Sol. Los billetes volaban en círculo alrededor de aquel que ahora era todo alegría. De aquel que ya sentía saldado su esfuerzo y su dedicación, que sí tenían precio. Exactamente el precio que le estaba siendo pagado.
Pero Yareth y su alegría olvidaron que reír, gritar y llorar en festejos, eran atentados mortales para alguien que además de adinerado, era rico.
Entonces su piel de chocolate comenzó a derretirse, y sus salsas chorrearon, y sus cremas se batieron.
Dice este relato que Yareth murió felíz y casi sin saberlo. Será porque finalmente había tenido sus tres deseos. Porque entendió. Porque era rico. Y porque tenía todo el dinero que siempre había querido.
De Yareth en adelante, la leyenda cuenta que hay un lugar en medio del desierto, cerca de unas rocas, lleno de dinero, donde los más exquisitos manjares emanan de la tierra.
Nada se volverá a hablar jamás del objeto, ni de su uso. Ya que de alguna manera, lo que todos hubiesen deseado, se encuentra volando alrededor del rico Yareth.
Pobre esta gente que no sabe que fantasea con la tragedia de un hombre.
Pobre Yareth que en su muerte nunca se dio cuenta que a su genio, al final, le había resultado placentera su forma de desear.
Pero el motivo de su andar por el desierto era todavía más fuerte que el astro rey.
Su sed estaba a punto de volverse locura cuando llegó a lo que parecía ser un grupo de rocas, apiladas por un capricho más humano que geológico. Entonces supo que no faltaba mucho para justificar años de conjeturas mal trazadas por sus antepasados. La segunda piedra desde el este sería el escalón, y la tercera se empuja para abrir la cuarta. Ésta se atraviesa como un tunel hasta dar con una quinta, que debe abrirse del mismo modo en que se abren los antiguos baúles bárbaros. Girando para arriba.
Ésta última parte era la que más lo había preocupado durante todos estos años, dado que no había visto jamás cosa tal como un antiguo baúl bárbaro. Pero habiendo seguido las instrucciones de aquel papiro que no se animaba a sostener como a los otros papiros, llegó a la piedra y entendió que todo iba en la forma ovalada con manijas de la tapa rocosa. Eso hacía que girar para arriba tuviera sentido. Era algo que sólo viendo aquella forma lograba entenderse.
A esta altura, ninguna de las otras opciones para llegar al cofre le parecía menos accesible que la que indicaba el papiro. Por cualquiera de los frentes de la pila de rocas se llegaba hasta allí con facilidad. Pero quizás la idea de pasar a través de una piedra antes de llegar al tan ansiado tesoro, le ponía un condimento extra a la historia que luego él se encargaría de contar. Que la humanidad se encargaría de contar. Quizás atravesar una piedra lo ponía lo suficientemente cerca de los actos que sólo cometerían un gran rey milagroso, o un cierto Dios. Quizás el hecho de pasar por una piedra era reversionado por los historiadores como la desmaterialización del cuerpo del Gran Yareth. El milagro necesario para que todo suceda. Pero lo cierto es que toda esta conjetura ocupaba poco más de medio segundo en la cabeza de aquel buscador que estaba empezando a dejar de serlo.
Girando lo que parecía ser la tapa de todas las tapas, Yareth empezó a ver como se desvanecían todas las imágenes que había designado con la imaginación para aquel objeto mágico. Por una vez en la historia de la humanidad, lo real era más bello que lo imaginado.
Lo que pasó después fue claramente producto de la intervención humana. Lo divino era el objeto mágico. Lo perfecto era lo preciso de la búsqueda y el encuentro. Pero una vez en manos del hombre, aquel objeto no hizo más que ser usado con imperfección.
Las historias que conocía Yareth dictaban que había que frotar el objeto para que un genio apareciese y concediera, en principio, tres deseos. Una vez concedidos, el genio evaluaría el placer generado por conceder estos deseos, y si gustaba de hacerlo, entonces la cantidad de deseos a conceder ya pasaba a ser un trato entre amo y genio. Ya era una cuestión de afinidad divina.
Claro que poco se sabía respecto de los placeres geniales. Por lo que la mejor opción parecía ser la eficaz y personal ejecución de los primeros tres, y recién después, si es que algo de esto sucedía, valía la pena poner toda la atención al servicio de la relación amo-genio y sus menesteres.
Yareth frotó el metal precioso con ambas manos y se hizo dueño de la palabra "expectativa".
Por desgracia para este relato, lo primero que salió de la boca del expectante Yareth fue: "Quisiera entender como funciona esto...".
En ese mismo instante la cabeza de Yareth se iluminó como nunca antes. En ese instante, no sólo entendió que tenía que expresar sus deseos en voz alta, también entendió que en eso de entender ya se le había ido un deseo. Entonces supo que los próximos dos deseos tendrían que ser la pronunciación más perfecta e inequivoca jamás hecha. No podía desperdiciar una palabra más, y acudiendo al motivo de todos los motivos sentenció: "Quiero ser rico!".
En ese momento el cuerpo de Yareth se dividió en dulce y salado. Sus brazos se volvieron los más exquisitos azúcares confitados sobre la faz de la tierra. Sus piernas estaban hechas ahora de extraordinarios bocados. Sabores que quizás conjugarían los manjares existentes y no existentes de todas las culturas.
Yareth era extremadamente rico, y en el fallo de su segundo intento su ira era tal que nublaba los cielos. Su grito en medio del desierto había hecho retroceder a más de un escorpión.
Entonces volvió a tomar el objeto, que estaba haciendo algo muy distinto a cumplir sus deseos, e hilvanó la que sería su última oración: "Quiero una gran cantidad de dinero!".
Los billetes empezaron a salir del viento y de la arena. De las rocas y del Sol. Los billetes volaban en círculo alrededor de aquel que ahora era todo alegría. De aquel que ya sentía saldado su esfuerzo y su dedicación, que sí tenían precio. Exactamente el precio que le estaba siendo pagado.
Pero Yareth y su alegría olvidaron que reír, gritar y llorar en festejos, eran atentados mortales para alguien que además de adinerado, era rico.
Entonces su piel de chocolate comenzó a derretirse, y sus salsas chorrearon, y sus cremas se batieron.
Dice este relato que Yareth murió felíz y casi sin saberlo. Será porque finalmente había tenido sus tres deseos. Porque entendió. Porque era rico. Y porque tenía todo el dinero que siempre había querido.
De Yareth en adelante, la leyenda cuenta que hay un lugar en medio del desierto, cerca de unas rocas, lleno de dinero, donde los más exquisitos manjares emanan de la tierra.
Nada se volverá a hablar jamás del objeto, ni de su uso. Ya que de alguna manera, lo que todos hubiesen deseado, se encuentra volando alrededor del rico Yareth.
Pobre esta gente que no sabe que fantasea con la tragedia de un hombre.
Pobre Yareth que en su muerte nunca se dio cuenta que a su genio, al final, le había resultado placentera su forma de desear.
4 de febrero de 2008
Messenger Z

Hace un tiempo hablaba con una piba del barrio que tendrá unos 18 años. Yo repasaba la anécdota de una pelea callejera de la cual había sido testigo hacía no mucho tiempo. La comparación me fue inevitable: "uno tiró una patada que parecía Bruce Lee!", dije intentando aportar a la imaginación.
Algo pareció cortar el hilo de la conversación. Me mira y me pregunta: "Quién es Bruce Lee?".
No quiero caer en el obvio "las cosas de antes..." o "en mi época".
Brindo entonces con este dibujo por el encuentro entre generaciones y por una activa transmisión de la cultura.
Aunque sinceramente, eso que hacía Afrodita de disparar las tetas, no tiene comparación.
2 de febrero de 2008
Celulife
Enviá la palabra PICO al 2020, y recibí consejos para dar tus mejores besos.
Enviá la palabra ANIMO al 2222, y recibí los mensajes espirituales del I CHING.
Enviá la palabra ADOLESCENCIA al 1718, y recibí las mejores técnicas para masturbarte.
Enviá la palabra IDIOTA al 0000, y recibí el costo en la factura de tu cuenta telefónica.
Enviá la palabra RUTINA al 1234, y recibí el mismo mensaje, todos los días, a la misma hora.
Enviá la palabra INTRIGA al 4321, y recibí mensajes sin mensaje.
Enviá la palabra BOOMERANG al 1221, y recibila de vuelta.
Enviá la palabra SUBJETIVO al 3333, y recibí mensajes para interpretar como quieras.
Enviá la palabra ESTAFA al 0600, y no recibas ningún mensaje.
Enviá la palabra TERAPIA al 0045, y ¿qué mensaje crees que te gustaría recibir?
Enviá la palabra INDECISO al 1111. O al 1112. No, al 1212.
Enviá la palabra OPTIMISMO al 1010, y pensá que hay gente no tiene ni celular.
Enviá la palabra ESTREPTOCARBOCAFTIAZOL al 7777, y cortá con toda esta mierda.
Enviá la palabra ANIMO al 2222, y recibí los mensajes espirituales del I CHING.
Enviá la palabra ADOLESCENCIA al 1718, y recibí las mejores técnicas para masturbarte.
Enviá la palabra IDIOTA al 0000, y recibí el costo en la factura de tu cuenta telefónica.
Enviá la palabra RUTINA al 1234, y recibí el mismo mensaje, todos los días, a la misma hora.
Enviá la palabra INTRIGA al 4321, y recibí mensajes sin mensaje.
Enviá la palabra BOOMERANG al 1221, y recibila de vuelta.
Enviá la palabra SUBJETIVO al 3333, y recibí mensajes para interpretar como quieras.
Enviá la palabra ESTAFA al 0600, y no recibas ningún mensaje.
Enviá la palabra TERAPIA al 0045, y ¿qué mensaje crees que te gustaría recibir?
Enviá la palabra INDECISO al 1111. O al 1112. No, al 1212.
Enviá la palabra OPTIMISMO al 1010, y pensá que hay gente no tiene ni celular.
Enviá la palabra ESTREPTOCARBOCAFTIAZOL al 7777, y cortá con toda esta mierda.
26 de enero de 2008
Nada que tipo
Nada.
Nada es un amigo durmiendo con tu mujer.
Una mujer que es tuya también es nada.
Un número equivocado. La decoración de una Iglesia. Un portarretratos en Navidad. Nada.
El instinto maternal de una mula. Nada.
Lo blanco que pueda ser el fondo de un vaso. Nada.
Un chiste de velorio. Un velorio. Nada.
La moda, cuando pasa. Nada.
La suerte recordada. Nada.
Las noches no soñadas. Nada.
Un whisky sin penas. Un miedo sin cuco. Un gato castrado. Un sólo estornudo. Nada.
El helado de pistacho. El esfuerzo en el olvido. Y el sentido de leer un diccionario de corrido. Nada.
Un brindis de oficina. La ternura de un pekines. Un ventilador el dos de enero. Una verdad que no es. Nada.
El gusto de lo caliente. La temperatura de lo dulce. El plato decorado del hambre. Nada.
Nada. Que es lo mismo que todo. Dicen. Nada.
Nada es un amigo durmiendo con tu mujer.
Una mujer que es tuya también es nada.
Un número equivocado. La decoración de una Iglesia. Un portarretratos en Navidad. Nada.
El instinto maternal de una mula. Nada.
Lo blanco que pueda ser el fondo de un vaso. Nada.
Un chiste de velorio. Un velorio. Nada.
La moda, cuando pasa. Nada.
La suerte recordada. Nada.
Las noches no soñadas. Nada.
Un whisky sin penas. Un miedo sin cuco. Un gato castrado. Un sólo estornudo. Nada.
El helado de pistacho. El esfuerzo en el olvido. Y el sentido de leer un diccionario de corrido. Nada.
Un brindis de oficina. La ternura de un pekines. Un ventilador el dos de enero. Una verdad que no es. Nada.
El gusto de lo caliente. La temperatura de lo dulce. El plato decorado del hambre. Nada.
Nada. Que es lo mismo que todo. Dicen. Nada.
25 de enero de 2008
Sub Sistencia
- Damas y caballeros...tengan todos ustedes muy buenas tardes...y permitanme presentarles...un producto que viene para ustedes... directo de fábrica... y a un precio promocional... Estoy hablando... ni más ni menos... que de la nueva linterna eléctrica de bajo consumo... que no lleva pilas... y simplemente se enchufa en la pared...y ya se encuentra lista para ser usada...
Como verán... al no llevar pilas... es sumamente económica... y su rendimiento mucho más prolongado...
De esta manera... usted va a estar preparado... para los frecuentes cortes de luz... que van a generarse a partir de las inundaciones... causadas por el deshielo típico ... consecuencia del calentamiento global... y todo por la módica suma de $3.
- Flaco, dame una.- dice un hombre en la primer fila.
- Si, a mi deme tres joven.- interrumpe una señora que está por bajarse del colectivo.
- ¡Te compro todas por 100 mangos flaco!- grita un viejo desde el fondo.
De repente el colectivo se frena.
- Abajo todo el mundo menos el de las linternas...- dice el chofer con un arma en la mano.
Como verán... al no llevar pilas... es sumamente económica... y su rendimiento mucho más prolongado...
De esta manera... usted va a estar preparado... para los frecuentes cortes de luz... que van a generarse a partir de las inundaciones... causadas por el deshielo típico ... consecuencia del calentamiento global... y todo por la módica suma de $3.
- Flaco, dame una.- dice un hombre en la primer fila.
- Si, a mi deme tres joven.- interrumpe una señora que está por bajarse del colectivo.
- ¡Te compro todas por 100 mangos flaco!- grita un viejo desde el fondo.
De repente el colectivo se frena.
- Abajo todo el mundo menos el de las linternas...- dice el chofer con un arma en la mano.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
