6 de abril de 2010

Felipe, el carente

Antes de ese momento era otra cosa. Porque cuando abrió la puerta sus ojos se iluminaron. Una intuición vaya uno a saber de qué me dijo “le caes bien, aprovechá y simpatizá”. No lo conocía y en realidad conocía a muy poca gente, pero el cariño espontáneo de una criatura parecía una buena carta de presentación. ¿Para qué saberlo? ¿Por qué cambiar una situación por una teoría de la formación? Dicen que los chicos intuyen a la buena gente, y yo soy uno más de los que vé en la infancia una sabiduría infinita que se va contrayendo con los años y con los aprendizajes y con las normas sociales y con toda esa pavada sin la cual, dicen, no podríamos vivir en sociedad. Por todo lo que presentía, me agaché para saludarlo y me abrazó fuerte y sostenido, a lo cual respondí llevándomelo a upa unos pasos, diciéndole cosas como ¡Hola amiguito! ¿¡Cómo estás tanto tiempo!? ¿Todo bien, maestro? Después seguí saludando, siempre con él cerca, tratando de agarrarme de la mano, de llevarme a donde tenía sus juguetes, buscando mostrarme las cosas que sabía hacer. ¿Y para qué dejar de vivir esa situación? ¿Ambición del saber? No nos culpo, yo también vivo en esta sociedad. Es cultural. Dicen que el ser humano siempre mata por subsistencia. Primero mató por motivos religiosos, después por motivos políticos, dicen que hoy se mata por motivos terapéuticos. Me llamo Felipe me contestó, ¡tengo así! agregó haciendo un cuatro con los dedos de la mano. Vení que te muestro mis juguetes y vamos a jugar al patio de arriba. ¿El patio de arriba? pensaba yo, y mi amiga, la del cumpleaños, la que después sepultaría la alegría en tristeza, me ayudaba e incentivaba: si, si, el patio de arriba sería la terraza, y parece que te hiciste un amigo nuevo. No sé del todo por qué, a mí el cariño de un chico me parece algo de lo cual se puede estar orgulloso. Será por el simple hecho de que algunos lo consiguen y otros no, sin lograr determinar del todo de qué se trata la variable de afecto con la que rigen su espontaneidad y atención. Teoricemos hasta ahí. No profundicemos más, por favor. Si el chico está contento. Yo estaba con el pecho inflado de tener el costado infantil de mi lado. Sentía la bendición de tener una suerte de aura y la fortuna de poder jugar a cualquier cosa que Felipe me propusiera. En algún momento, hasta me llegó a parecer más divertido que tomar cerveza y hablar del Boca - River, o de lo que fuera. Ya sé. Mi abuelo decía siempre que en este mundo traidor nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira. Pero no hacía falta. Quiero decir, no era necesario diagnosticar. No se justifica. ¿La estabas pasando bien? Entonces no me digas que tiene una carencia paterna muy marcada. No hacía falta saberlo. Tiene una carencia paterna muy marcada. Callate la boca, seguí festejando tu cumpleaños. Dejame vivir con él una situación fuera del tiempo y de los traumas. Tiene una carencia paterna muy marcada, pero me hubiera gustado ver a un chico con ganas de jugar como lo ví durante los primeros 20 minutos, amiga, sin pensar los motores de las razones de las causas de Freud y toda su desendencia. ¿Para eso estudiaste? No quería jugar con un ser desesperado de afecto. No quería ser el empaste que rellena el hueco sin rellenar. Hasta se volvió ojeroso cuando me diste parte médico. Dame la mano, vení conmigo, jugá conmigo, mirá cómo salto, mirá como cuento. Parecía un adicto a la carencia en rehabilitación. Todo pasó a tener un tono de lástima. Ese chico, entendí, no quería abrazarme a mí ni quería jugar conmigo, ni yo tenía nada parecido a un aura. Como mucho él buscaba, si, y qué mierda me importa, una figura paterna. Pero eso pesa mucho más que un juego. Ahí se terminó el mundo lindo que estábamos compartiendo. Y si necesita que lo acompañe lo acompaño, me dije a mí mismo. Pero se volvió denso. Pareció darse cuenta de que yo me dí cuenta. Eso fue peor todavía. Le dije que iba a charlar un poco con los adultos y volvía a buscarlo. Pareció confiar. Cuando se fue le dije ¡chau amigazo! y me miró lleno de vacío y se alejó sin saludarme, en los brazos de la madre que se iba sola. Estaba enojado porque yo no era andá a saber quién. Alguien que quizás hubiera aceptado ser si no me hubiera enterado de la tramoya psicológica de la cual estábamos participando. Por ahí, con ausencia de conocimiento inútil, y si la cultura actual no matara con fines terapéuticos, porque es importante saber qué pasó, dónde duele, por qué duele, dónde falta, y quién, quién te dice, hubiéramos pasado un buen rato. Yo no sé si es tan necesario saber. Yo, al final, no sé si es tan buena como parece la psicología.

4 de marzo de 2010

Por las ramas

- ¿Qué quiere decir que todo es simbólico?– me preguntó.
- Que todo lo que entra o sale de tu cabeza necesita un símbolo. Es como un pasaporte mental.
- No entiendo.
- ¿Vos sabés lo que es un árbol?
- Si.
- ¿Qué es?
- Un árbol es … como una planta, pero más grande. Es del mundo vegetal. Un árbol tiene tronco, hojas, tallos, savia, clorofila. ¡Un árbol es un árbol!
- Bueno, pasa que eso es una definición. A ver, yo voy a anotar algo en este papel. Esperá, ¿eh? … Ahí. Listo. Me lo guardo en el bolsillo.
- ¿Para qué?
- ¿Qué ideas asocias a la idea de árbol?
- Ya te dije, hojas, tallos…
- No, te dije ideas no descripciones.
- No sé. Chinos. Los árboles me hacen acordar a los chinos. Creo que por los bonsái.
- ¿Algo más?
- Sabiduría.
- ¿Ves? Mirá el papel. ¿Ves que dice sabiduría? Eso es porque es un símbolo universal.
- ¿Y todos pensamos lo mismo?
- Una mayoría, si. El árbol es símbolo de sabiduría. Pero ahí viene la experiencia.
- ¿A dónde?
- (Suspira) Es una forma de decir. Quiero decir que ahí entra en juego la experiencia. Mirá, es fácil también. ¿Vos conocés el dicho que dice “al que se quema con leche vé la vaca y llora”?
- Si.
- Bueno, yo te aseguro que si alguien viene corriendo y se lleva puesto un árbol, y ese árbol le rompe el tabique y lo deja dos semanas en cama con la cara fisurada, para esa persona un árbol va a ser cualquier cosa menos sabiduría. El concepto es lo que sostiene a la idea. Es la forma, la tostada.
- ¿Qué tostada?
- ¿Vos comerías manteca sola?
- No, ¿por?

-¿Y en una tostada?
- Si, claro.
- Bueno, las ideas son como la manteca, y el símbolo es como la tostada. Vos tenés que ponerle símbolo a la idea, y así puede entrar.
- ¿Y para salir?
- Para salir lo mismo. Ponele tostada, o sea, simbolizalo.
- ¿Para qué?
- Para que entre en la cabeza de otro.
- A todo esto ¿te puedo ayudar en algo?
- Si, estaba buscando una remera lisa.
- Si, seguime. Mirá. Tenés roja, blanca, azul y amarilla.
- ¿Te molesta si me pruebo el amarillo, pero sin la remera?
- ¿Cómo? ¿sin la remera? ¿el color sólo?
- Si.
- No, para nada. Probalo tranquilo.

- ¿Y? ¿Cómo fue?
- Bien, me parece que lo llevo.
- Bueno, andá nomás. El color es gratis, lo que cobramos nosotros es la ropa. ¿Sabés qué pasa? Para nosotros la remera es como para vos la tostada.
- Entiendo. Macanudo, hasta siempre entonces.
- Adios. Que tengas buen día.

22 de febrero de 2010

Cuando se es una metáfora

Ella es oro y él montaña. Y al revés. Por eso crean juntos una montaña de oro: genial, fantástica, cautivante e inexistente montaña de oro. Y es que a veces somos una metáfora, donde lo real existe sólo por separado y lo hermoso existe sólo en la irrealidad. Y se desenfrenan los quilates. Y se exasperan los barrancos. Y se sueñan fantástica posibilidad de uno en el otro.
Cuando se es una metáfora, y lo imposible prevalece sobre lo posible, la inexistencia se vuelve tan contradictoria que al final de cuentas se existe, en perfecta complejidad, entre jamás y para siempre.

16 de febrero de 2010

Cuento Rioplatense

Estaba esperando un móvil en la parada de taxis, cuando el pibe que da una mano en la garita me dice señalando la valija:
– Eso no te preocupes que ahora lo ponemos en la valija.
Me quedé pensando y deduje casi por descarte que aparentemente allá llaman valija a lo que nosotros llamamos baúl. Entonces cuando vino el auto aproveché la situación para preguntarle y me dijo que sí, que esa parte del auto efectivamente se llamaba valija.
- ¿Y a esto cómo le dicen? – le pregunté señalando la valija.
- A eso valija también - me contestó.
No pude evitar soltar una carcajada mientras hacíamos fuerza juntos para levantarla.
– Jodeme ¿O sea que estamos metiendo la valija adentro de la valija? – le pregunté jocoso.
– Y sí. Claro. – me contestó con un tono seco.
Levanté la vista y estaba serio, con el ceño fruncido, casi ofendido. Supuse que mi risa lo había hecho sentir agredido o algo por el estilo. Le expliqué torpemente que nosotros lo llamamos de otra forma pero, al parecer, explicarle algo significaba todavía estar un peldaño arriba de él. Entonces me di cuenta de que ya era tarde para cualquier tipo de arreglo. Desconfiado e irreductible terminó de cerrar el baúl (la valija para él), se dio media vuelta y se metió en la garita.
El taxi se alejó y mis primeros 10 minutos en Montevideo los pasé pensando que a veces los porteños quedamos mal sin querer. Como si estuviese escrito de antemano que somos sobradores y tenemos aires de superioridad. Como si fuera un estigma por el simple hecho de ser porteños.

Montevideo


No te voy a decir que es Suiza, pero cuando los grandes problemas están más o menos encaminados, una sociedad se puede ocupar de pequeñas cosas, como del pelotudo que en el colectivo o en el subte escucha la música a todo lo que da con su celular.
Mi abuelo es un Uruguayo de 93 años, y lo fui a visitar antes de viajar. Entonces me dijo: nene, te pido un favor, cuando vuelvas, vení a visitarme y quiero que me cuentes: (enumerando con sus dedos arrugados y huesudos) el respeto, la educación, la cultura, la forma de vivir, y las tradiciones. Pero sobretodo, el respeto.
Hay sólo un charco en el medio abuelo, pero se dice que la mayor distancia entre dos puntos es el tiempo. No tiene que ver con estar lejos o cerca. Tiene que ver con las cosas que una sociedad conserva o proyecta para su presente.
Mi abuelo, por conveniencias de la salud, no viaja desde hace 15 años, ni al Uruguay ni a ningún lado. Pero es envidiable la seguridad con la que habla de su país.

27 de enero de 2010

Días Hábiles


Una representación gráfica que hice para expresar cómo siento los días de la semana.

24 de enero de 2010

Génesis

Entonces Dios se dividió en infinitas partes, y esas partes a su vez en infinitésimas partes, y una de esas infinitésimas partes sos vos, y toda tu existencia, y por eso empezás a tener sentido cuando te relacionás con los demás.


Keypoint: La idea de Dios puede ser reemplazada por cualquier deidad o creencia universal.

Diáloco 9

- ¿Me llamás un remís?
- Si Unremís, cómo no.

Diáloco 8

- Ayer saqué a pasear al perro y cuando pasamos por la heladería se sacó la correa, entró, pidió 1/4 kilo para llevar y se lo comió.
- Guau...
- Te juro, me dejó helado.

29 de diciembre de 2009

Felíz Añito

Freud explicaba la idea del tiempo sosteniendo que por más relojes que pusieramos al día, el tiempo no es cronológico, sino lógico. Eso explicaría que, por ejemplo, los 15 minutos que esperás un bondi sean, en apariencia, más largos que los 15 minutos que le dedicás a charlar con un amigo.
Pero dentro de esta paradoja del tiempo hay una variante que se puede explicar de una manera mucho más matemática que conceptual, y tiene un efecto universal sobre todas las personas. Uno no nace diciendo ¡qué rápido se pasó este año! ¿no? Ese comentario es algo que uno empieza a decir, justamente, con los años. Pero ¿por qué existe esa sensación de que los años pasan cada vez más rápido? Bueno, una vez me dieron algo muy parecido a una respuesta que brinda la siguiente explicación (adhiero un planito que hice para ir mirando mientras se lee la misma):

Uno nace y al poco tiempo cumple un año, ¿no? Ese año que cumpliste representaba, en aquel momento, el 100% de toda tu vida. Pero claro, si mantenemos la medida del año como parámetro podemos ver cómo, cuando cumplís dos años, un año pasa a ser el 50% de tu vida. Acá es donde viene lo interesante.



Si cuando cumplís dos años, un año es el 50% de tu vida, también pasa que cuando cumplís tres años, un año pasa a ser el 33,3% de tu vida. Y eso quiere decir que un año va a ser el 25% de tu vida cuando cumplas cuatro, y el 20% cuando cumplas cinco y así, matemáticamente, ese porcentaje de lo que representa un año en el total de tu vida disminuye con cada año que cumplís. Por eso, cuando llegás a cumplir, por ejemplo, treinta años, un año representa apenas el 3,3333% de toda tu vida. Lógicamente, el porcentaje disminuye año tras año, y, en consecuencia, un año cada vez te representa menos.

Por eso, es que virtualmente se pasa cada vez más rápido el tiempo en tu vida. No porque te aceleres, o vivas a mil, o porque despistadamente se te pase sin darte cuenta, sino porque eso que disminuye es, en efecto, lo que a vos te representa.

Así que ahora ya sabés. Este fin de año, en lugar de decir ¡qué rápido se me pasó el año! mejor decí ¡qué disminuida se me puso la percepción de una parte de mi vida sobre el total de la misma!

Felicidades para todos.

17 de noviembre de 2009

Inconciente Colectivo

- No sale el boleto.
- No sale porque te falta poner diez centavos.
- Pero yo puse uno con veinte.
- No, no pusiste uno con veinte. La máquina no es boluda.
- Bueno, yo tenía uno con veinte en la mano, y soy menos boludo que la máquina.
- ¿Ahí dice uno con diez? Entonces pusiste uno con diez. No hay otra flaco. Poné diez centavos más o bajate. Pero apurate porque me estás haciendo perder el tiempo.
- Escuchame, pedazo de sorete del sistema, cabeza cagada, hijo de un antojo de pija, producto del conchudismo social, partícula de mierda en una letrina, salido del fondo del peor culo de la más puta de las madres, red neuronal desconectada del meo ácido donde te flota la hemorroide que tenés de cerebro, hijo de un random vergal, nieto de una mezcla sobresaliente de forros, bis nieto de una colección de esperma de la foca más pelotuda de todo el océano, rama de un árbol genealógico de latex pinchado y mierda marmolada, enfermo, come culos, chupa troncos, enderezador de snorquels, domador de porongas, catador de pelusa, cabeceador de ombligos... a ver si me entendés un poquito... puse un peso con veinte y tu máquina de mierda anda mal, ¿ok?
- Si señor, pase nomás. Debe ser una falla de la máquina.
- Gracias, muy amable.
- Gracias a usted. Disculpe el malentendido.

Claro que esto es lo que después, caminando hasta mi destino, fui pensando que tendría que haberle dicho y no le dije. Cosas que te quedan atragantadas y vas repitiendo en un diálogo gestual con vos mismo, en una fantasía exclusiva, porque necesitás sacarlas para no pudrirte por dentro. Porque necesitás hacer una catarsis para no cagar a trompadas al próximo que te lleve la contra.

8 de noviembre de 2009

Centro de Atención al Viviente

Está todo bien, jefe, yo no le voy a decir cómo hacer su trabajo. Le estoy diciendo que a mi me vendieron no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan y está vencida.
Mire, yo lo que me acuerdo es que me la dio un tipo serio y afeitado, creo que se llamaba Ernesto. En su tarjeta de presentación decía “Padre”. No digo que sea su responsabilidad, ¿eh? No se le ocurrió a él, es un saber popular, una herencia cultural. Quiero decir, el problema no fue el vendedor, sino el producto. ¿No sabe si podré hablar con algún responsable? Porque… nada que ver. En realidad es raro, le cuento: a mi me hicieron lo que yo no hubiera hecho. Eso lo agarra a uno de sorpresa y lo deja en una posición incómoda. Usted me entiende, ¿no?. Una mezcla rara de cómo se te ocurrió y la concha de tu re putísima madre. De paso, ya que estoy, si me hace la gauchada, quería cambiar éstas… espere que las tengo en algún lado… acá, mire: ama a tu prójimo como a ti mismo. Vencida también. Acá hay una del colegio, mire: los que estén mejor preparados van a llegar más lejos. Esta la quiero cambiar por alguna que hable de física cuántica o de mandriles. En realidad sabe qué me gustaría, una que defina el sistema de convivencia espontánea de los delfines.
Bueno, y acá tengo All you need is love de los Beatles, el hombre es un ser superior de Darwin, la democracia es el gobierno en manos del pueblo, que me la robaron y acá tengo la denuncia… no, acá… no… espere. No la encuentro. Es que vine en tren y había mucha gente. ¿Se me habrá caído? Pucha, tampoco encuentro la billetera. ¿Se me habrá caído también? ¡No! En realidad lo que me faltan son los bolsillos. ¡No! ¡no! ¡Lo que me falta en realidad son las manos! ¿¡Las manos¡? Sepa disculpar buen hombre, hasta hace unos minutos le hubiera jurado que yo era. Quiero decir, que yo existía. ¡Si tenía tangilidad de sobra! Pero, ¿se me habrá caído también? ¿me habré perdido en el camino?... ¿Por qué no me habla don?... ¿Dije algo que lo ofendió?... ¿Eh?... ¿Hola? ¿Hay alguien ahí?

2 de octubre de 2009

Salir de Buenos Aires

Hace poco escribí sobre una idea que dice que es imposible salir de Buenos Aires.
El post se llama "Buenos Aires" y acá lo dejo enlazado para volver a compartirlo, y para poder compartir lo que sigue, que es mucho más importante.
Mi escrito se replantea la cuestión eterna de una ciudad inmensa e infinita, de esta ciudad de calles y barrios y pasajes y avenidas y avenidas y calles y plazas y gente y calles y calles y calles.
No es fácil salir de Buenos Aires, o por lo menos eso creía hasta ahora. Y digo hasta ahora porque vino el escritor Eduardo Gudiño Kieffer a largar su solución como la cosa más normal del mundo.
Transcribo a Eduardo literalmente, de su libro Será por eso que la quiero tanto:
"...En la planta baja la encargada la recibió con su cotidiana andanada de reproches y conminaciones pero esta vez no hizo caso y salió a la calle , echando a caminar hacia Rivadavia porque dicen que Rivadavia es la avenida más larga del mundo, dicen que Rivadavia sigue por cuadras y cuadras, por kilómetros y kilómetros, por horas y horas y así atraviesa la ciudad entera hasta salir al campo y por eso Rivadavia debe ser la única manera de escapar de esta trampa sin perderse..."


Claro, ahora que lo sé, a mi también me parece obvio.

10 de septiembre de 2009

¿Por qué le habrán puesto vacunas?

La viruela fue la primera enfermedad que el ser humano trató de combatir inyectándose a sí mismo otra enfermedad (esto es lo que conocemos como vacuna). Ahora, ¿por qué vacuna? Porque en 1796, un médico rural muy piola que se llamaba Edward Jenner, vio que las recolectoras de leche (sí, recolectoras de leche) se contagiaban con frecuencia un tipo de viruela de las vacas a las que ordeñaban cotidianamente, y que por agarrarse esta enfermedad de la vaca, safaban de agarrarse la viruela común que afectaba con gravedad a los seres humanos. Jenner entendió que la viruela animal inmunizaba a las personas de la viruela humana.

Entonces el amigo Edward extrajo líquido de la infección producida en una recolectora de leche (sí, recolectora de leche) y se lo inyectó a un pequeño de ocho años (no había hamsters todavía). Después de cuarenta días le inyectó la viruela común y ¡eureka! el pendejo como si nada.

A partir de ahí, el uso común cobijó la expresión “poneme la vacuna” o “ponémela” como decían las recolectoras de leche. Nada, lo importante es que la vacuna, el asado, la leche, todos sus derivados, el cuero, miles de canciones, cientos de cuentos, y vaya uno a saber cuántas cosas más, se las debemos al mismo animal: al hombre.

26 de agosto de 2009

La Corte despenalizó la tenencia de marihuana para consumo personal.

En otras noticias:

 * El campo llega a un acuerdo con el Gobierno y organizan un “asadito reconciliatorio”.

* Cuatro jóvenes mueren al intentar un campeonato de Winning Eleven de 720 horas ininterrumpidas.

* Missing Children piensa en desarrollar Missing Adults.

* Nueva convocatoria para el seleccionado nacional. Maradona pide a Marangoni, Pumpido, Burruchaga y Olarticoechea.

* Los dirigentes de River se confunden y vuelven a comprar a Fabbiani. Ariel Ortega declara: “baladarupblurapa….luparabla…kru”.

* Se organiza un festejo por la despenalización de la marihuana. La convocatoria es a las 22 hs en la esquina de las avenidas Santa Fe y Corrientes.

* Miles de personas se reunen en el planetario para ver pasar una nube.

* Estaría muy grave Michael Jackson.

* Hacen peatonal Puán a la altura de la Facultad de Filosofía y Letras.

* 45 puntos de raiting para el canal de compras Sprayette. Se registró de las 2 a las 5 de la mañana.

* La empresa Pepsico lanza una bolsa de Chizzitos de 8 kilos.

* Desarrollan el test de Porremia para conductores. Habría que apoyarse un Cuarto de Libra con queso en la boca sin morderlo al menos por 20 segundos.

* El Congreso sanciona una ley que prohibe a los músicos decir que es la última canción, irse y volver a tocar una más a pedido de la gente.

13 de agosto de 2009

Campaña Solidaria:

Cuestionemos la "o"

¿Qué te pasa? ¿Estás cansado o te sentís mal? Bueno, a veces resulta que me pasan las dos cosas. Y ese “a veces” se me hizo el casi siempre, y me convenció.

Los invito a que cuestionen la “o” como letra aislada delimitativa. ¿Querés ir a comer algo o preferís ir a un telo? Yo digo comer en el telo, o coger en un restaurante, no importa. Es la suma y no la diferencia. Pero no sólo en esta, sino en cualquier área. ¿Es boludo o se hace? ¡Es y se hace! ¿Llevo cerveza o fernet? ¡Las dos! ¿Playa o montaña? Plantaña ¿Mediaslunas o tostadas? ¡Mediaslunas tostadas! ¿Ser o no ser? ¿Rubia o morocha? ¿Pizza o empanadas? ¿Los Beatles o los Rolling Stones?

La “o” me tiene las pelotas llenas. No sé si es una letra que sirve o sólo se usa por costumbre.

Y una vez más, me autorespondo, las dos cosas.

20 de julio de 2009

Diagnóstico

"La vida significa cambio constante, nacimiento continuo.
La muerte significa dejar de desarrollarse, dejar de evolucionar, osificación, repetición".
(Erich Fromm, Las cadenas de la ilusión) 

Entró caminando al hospital (aunque en su alma corría más rápido que el tiempo).
Por fin tuvo al doctor frente a frente para entregarle el sobre de papel madera, escrito en un idioma que sólo él podría interpretar.
El doctor observó los estudios con atención y en un silencio insoportable.
Finalmente sentenció: este hombre está muerto. Informen a la familia.


(Figura retorica: tempo amputato. Parola chiave: "finalmente".)

13 de julio de 2009

Buenos Aires

Dicen que un tipo vino a conocer Buenos Aires y nunca más se fue.
Que se quedó un poco por voluntad, pero mucho más por no poder salir.
Porque conocer un lugar infinito, donde lo que ya se conoce arbitrariamente cambia, y se vuelve a conocer, y se descubre algo nuevo que no se conocía para cuando ya cambió de nuevo lo reconocido, es una empresa imposible, un absurdo, un desatino, algo descabellado, insensato, ilógico; es acaso una inmisión; es quizás un antifín.
Dicen que anda por ahi, atemporal de tanto conocer y reconocer. Debe ser que lo más sano es lo que hace la gente que no viene a Buenos Aires. Eso de decir: Argentina, Maradona.
Porque así es la única manera de vivir en esta Ciudad. También atado a la eternidad de sus símbolos, de sus mitos. Maradona, el tango, Gardel, el dulce de leche y, como mucho, el mate.
Es obvio que Buenos Aires es mucho más que eso. Pero la única forma de vivir acá es esa. Limitándola simbólicamente. Poniéndole, imaginariamente, un fin.

Nocturno

Me arranco un pelo de la barba y me pregunto si no sería más productivo arrancarme un pensamiento de la cabeza o un sentimiento del alma.
Pero lo que no jode siempre se puede arrancar. Funciona bajo la misma condición que pone lo ordinario cerca y lo bello lejos; lo rico poco saludable y lo sano soso.
El alma no permite la amputación voluntaria, pero se corta como pan ante lo involuntario.
Entonces mejor ni hablar de un pensamiento molesto, de esos que hacen metástasis y se esconden atrás de la idea de perro o la de percha. Esos que, inmodificables, nos demandan una industria de razonamientos forzados para pasar por ellos sin entrar; incluso para hacer de cuenta que nisiquiera hemos pasado.
Pensamientos y sentimientos. Sólo los demás afectan su forma.
Sentimientos y pensamientos; nosotros seremos, como mucho, sus portadores.